martes, 11 de agosto de 2015

Gris Arcoiris

1
"Discúlpame, pero no puedo quererte como pretendes que te quiera"

Esa frase revoloteaba en mi cabeza como un ave perdida, chocándose contra un reforzado muro de piedra. 
 No me quería, el no me deseaba ni yo le interesaba como algo mas que una simple amiga. Estaba devastada y buscaba demasiados por que, sin hallar ninguna respuesta. Le había dado todo de mi, lo que estuvo a mi alcance. Mi cariño, mi tiempo, mis sonrisas... pero aun así no logre deslumbrarlo. 
 Desde hacia ya una semana que yacía en mi cama, había renunciado en el trabajo y lo único que me importaba era morirme. De acuerdo, no literal. Pero me sentía un aborrecible despojo de mi misma y como tal me encontraba en un estado deplorable. 
 Estire mi brazo para alcanzar una cuarta caja de pañuelos descartables. El piso de mi cuarto estaba repleto de ellos. 
 Decidí chequear mi celular que con su vibrar ya venia irritándome desde hacia ya un rato. Mensajes de mis amigos, mensajes de el, mensajes de desubicados (algo común en Facebook). 

Amigos: "Florencia, por favor, abrí la puerta no podes seguir así", "Amiga, estoy para lo que necesites",  "Te voy a ir a sacar de los pelos de tu casa si seguís mariconeando por un estúpido que no te merece", "Flor, vos no sos así ¿Donde esta esa chica fuerte que pasaba de etapa rápidamente? Necesito que vuelvas"

Suspire y me incorpore en la cama. Solté un gran bostezo y estire los brazos en alto, desperezándome.  Camine lentamente hacia el baño y me observe en el espejo. Mi reflejo me devolvía la imagen de una chica ojerosa, desarreglada, con la cara y el pelo grasosos y las mejillas y los ojos repletos de delineador corrido. Si el cuco hubiese estado acechándome probablemente corrió la voz de un nuevo monstruo en la ciudad. 
 Continué chequeando los mensajes. 

Diego: "¿Podemos hablar? La idea no era que te cortes así", "No se porque haces esto, yo siempre te fui claro. Somos amigos y nunca te mentí, no quería nada serio. Vos no supiste entenderlo y te creaste tu propio falso mundo de hadas", "Dale, Flor. ¿No me vas a hablar mas? Me parece una pelotudes"

Me generaba bronca. Y lo peor es que tenia razón. Desde el primer momento en que lo conocí aclaro los puntos... acababa de salir de una relación seria y no pretendía meterse en compromisos. Quería ser libre, divertirse. No es que fuese la persona mas fiestera del mundo ni mucho menos, solo que era muy cerrado, rebuscado y frió. Pero no me importo, quise meterme de lleno de todas formas. Y así termine. Ciega, sorda y con el corazón partido en mil pedazos. 
 Hice una mueca cuando chequee los mensajes restantes.

Desubicados x: "Hola bonita, ¿Como estas? Me gustaría saber de vos si me das la oportunidad de conocerte, sos hermosa, Flor", "hola, me llamo Rodrigo y sos muy linda, bonita, bella y hermosa. Me gustas mucho", "Hola hermosa ¿Te gustaría hacer intercambio de fotos hot?, me deslumbraste", "15xxx47345, te dejo mi numero, agregame a Whatsapp, me gustaría que nos conozcamos, me pareciste divina".

¿Sera que hacen copypast y se lo envían a 20 contactos con la esperanza de que alguna chica fuera de sus cabales les responda y acepte sus ridículas propuestas? Dudaba que con esas técnicas lograran conseguir algo. Me resultaban todos unos tarados y lo único que merecían era un "visto" bien clavado. 

Me dirigí hacia el refrigerador en busca de una cerveza. Todo vació. Maldita sea, la mesa del comedor se encontraba llena de envases pero sin una gota del néctar que me estuvo nutriendo toda la ultima semana. 
 Mi celular vibro nuevamente y volví a chequear sin demasiado animo de encontrar algo que me sacara de mi ensimismamiento. Pero este mensaje me asombro. Venia de parte de una persona con la cual no hablaba desde hacia prácticamente un año y había desaparecido de mi vida luego de ponerse de novia con un idiota. 

Amanda Cossio: Hola, Flor ¿Como estas? :)
Florencia Toscanini: Que raro vos hablándome. Tanto tiempo... ¿Paso algo?
Amanda Cossio: No... Es que estuve pensando en vos últimamente. En porque dejamos de hablarnos.
Florencia Toscanini: Creo que quedo claro lo que paso. Nos distanciamos, vos te pusiste de novia, yo me metí en otra relación y bueno, las cosas se dieron así. 
Amanda Cossio: Te extraño, antes de todo lo que paso eramos muy buenas amigas y últimamente me replantee que me gustaría recuperar esa amistad. El pasado es pasado ¿Porque no vivimos el presente?
Florencia Toscanini: Yo también extrañe muchos momentos de todos los años que mantuvimos una amistad. Te escribí varios mensajes pero nunca me contestaste ninguno.
Amanda Cossio: Es una larga historia ¿Porque no te venís a mi casa?

Mire el reloj. Sus agujas marcaban las 19:00 hs en punto. 

Florencia Toscanini: Me ducho, pido un remis y en una hora estoy ahí. 

Lo envié. Y en ese preciso instante me percate de lo que había hecho. Fue como un impulso de completa idiotez ¿En que diablos estaba pensando?. Sin embargo, como si me tratase de una autómata, cogí una toalla y corrí a la ducha. 
Cuarenta minutos mas tarde estaba vestida, maquillada y lista para salir. Estaba fuera de si. Actuaba con el cerebro apagado. 
 Pedí el remis y salí disparada. El chófer hablaba pero yo no podía escucharlo. En mi cabeza se dispersaban miles de conexiones pero yo no lograba decodificar ninguna.

De un momento a otro me encontré tocando timbre frente a aquella puerta color caoba en la cual no me había parado desde hacia un año. Un escalofrió me recorrió el cuerpo de pies a cabeza inundándome de recuerdos. Pensé en irme, en salir corriendo sin rumbo fijo y olvidarme de todo esto antes de crearme un caos. Pero mis pies se mantenían firmes en el asfalto, como si una fuerza invisible me impidiese moverme. Cerré fuerte los ojos y escuche el sonido de la puerta abriéndose. 
 Unos ojos verde brillante se cruzaron con los míos y en un rostro reluciente y hermoso se formo una blanca sonrisa.

- Wow, Flor ¡Estas hermosa!
- Gra...gracias- Agache la cabeza tímidamente y cruce la puerta de entrada. 

Se paro frente a mi y me miro de pies a cabeza. Luego me apretujo en un cálido abrazo. 
 Todas mis inseguridades desaparecieron como por arte de magia. El tiempo colapso y me quede varada en la mismísima nada pero con una extrema sensación de confort. 
 La abrace también y sentí su perfume. Extrañaba ese perfume ¿Realmente había pasado tanto tiempo? Ya nada tenia sentido. 

Fuimos a su habitación y me propuso algo. 

-¿Porque no nos fumamos unas flores para entrar en clima? Tengo unas que pegan extraordinariamente. 

Asentí lentamente y ella tomo un estuche que se encontraba sobre la mesa de luz. Saco un cigarrillo de marihuana perfectamente armado. 

- ¿Lista?- me pregunto sonriendo. 
- Siempre queriéndome llevar por mal camino- le devolví la sonrisa. 

Lo encendió y fumamos en silencio. Luego risas. El ambiente se convirtió en un lugar muy confortante y todo se dejo fluir. 

-¿Que nos paso?- La mire a los ojos.
- La vida. Después de que quebrantamos nuestra amistad y decidimos ir mas allá todo se volvió muy confuso. Vos te fuiste distanciando y de un momento a otro conociste a la imbécil de tu ex. La realidad es que yo también me aleje después de eso porque... me daba celos. 
- No fui yo la única. Vos conociste a Alejandro y fuiste desapareciendo de mi vida en un abrir y cerrar de ojos. Te mande varios textos preguntando como estabas, quería saber de vos y no recibí respuesta.
- Ale se entero de lo que paso. No me dejaba hablar con vos. En realidad me distancie de todos mis amigos. 
- ¿Y ahora?
- Seguimos juntos, pero las cosas cambiaron. No estamos bien. 

Silencio.

- ¿Y vos?, ¿Andas en algo últimamente?- me cogió la mano. 
- Me separe hace unos días. Nada importante, solo otra decepción. (¿De donde salio eso después de estar tirada una semana en mi cama llorando?).
- Es una tarada si no te supo valorar, mira lo que sos. 

Me reí de la propia ironía. 

- Es un hombre. 

Me miro asombrada. 

- Increíble, ¡Pensé que ya no salias con hombres desde hace años!
- Yo me enamoro de las personas, no de su sexo. Pero si, había pasado mucho tiempo. 

Nos recostamos en la cama. 

- ¿Sabes que me hace muy feliz volverte a ver?- me abrazo colocando su cara frente a la mía. 

Trague saliva y sentí mi cuerpo temblar. 

- Es todo muy loco, siento como si no hubiese pasado ni un solo segundo desde la ultima vez que te vi- las palabras salían disparadas de mi boca como si un guionista muy retorcido estuviera escribiendo toda la historia. 

Me beso en la frente y se recostó en mi pecho. No entendía bien que estaba sucediendo pero ya no quería buscarle vueltas. A veces vivir el momento es la mejor opción que tenemos. 
 Le acaricie el cabello y me deje envolver en recuerdos, en viejos momentos, en la suavidad de esas sabanas que me habían cobijado y brindado calma durante aquellos meses pasados. Cerré los ojos y me dormí en un mar de incógnitas. 





2

Unos tenues rayos de sol colándose por la ventana me hicieron saber el comienzo de un nuevo día. Tantee a ciegas el cuerpo de Amanda pero no se encontraba a mi lado. Me incorpore en la cama y solté un gran bostezo al mismo tiempo que flexionaba mi cuerpo. Observe la habitación detenidamente. Las cosas habían cambiado, los muebles estaban posicionados en distintas direcciones de lo que yo recordaba. En un rincón se hallaba una biblioteca aparentemente nueva con algunos libros, me acerque caminando torpemente a echar un vistazo. Varios libros de auto ayuda y autobiográficos. Tome entre mis manos uno que me llamo la atención "Princesa Distorsionada". Leí algunos fragmentos, parecía interesante. Pensé en pedirlo prestado pero luego me percate de que no sabia hasta donde llegaría esto. Estaba por volver a colocarlo en el estante cuando Amanda irrumpió en la habitación con una bandeja cargada de tostadas y mate cocido con leche. 

-La bella durmiente ah despertado.

Le dedique una mueca torcida que insinuaba una sonrisa. 

- Estaba chequeando tu nueva biblioteca, me  parece genial que te intereses en los libros. 
- Tuve algunos problemas últimamente, la verdad es que la lectura me genera paz. 

Amanda se acerco a mi y tomo entre sus manos el libro que yo cogía en las mías. 

- Puedes pedirme prestado el que quieras, personalmente te recomiendo este mismo. Es la historia de una chica a través de sus propias y retorcidas emociones y de como afronto todo aquello que le pasaba. Trastornos alimenticios, amores tóxicos, bisexualidad. 

Me sonroje. 

- Quizás luego, pero gracias por ser tan amable conmigo.
- Pareciera que te auto compadeces de ti misma ¿Ser amable contigo? Tu te mereces el mundo. 

Trague saliva. ¿Como podía interpretar eso?, ¿Acaso seguía soñando o es que la realidad me estaba jugando una pasada bastante extraña? A esta altura ya no recordaba ni quien era Diego. 

Desayunamos y en ese momento me comento sus planes para hoy. 

- Yo se que no es la propuesta de salida mas divertida que podrías escuchar pero tengo turno con el medico. Si no tenes nada que hacer me gustaría que me acompañaras, luego podemos salir de paseo si te apetece. 

Titubee unos segundos. 

- Si, ¿Porque no? Es extraño pero ahora que estoy aquí contigo siento que no quiero volver a separarme de tu  lado nunca.
- Entonces es un sentimiento mutuo- Me dedico esa sonrisa que me encandilaba cada vez que se reflejaba en mis ojos. 

Nos preparamos y salimos a la calle. No habíamos caminado ni dos cuadras que me cogió de la mano. Se sentía tan cálida en contacto con la mía que siempre estaba fría. 

- ¡Por Dios, eres un Iceberg! - Se sorprendió. 
- Sera que necesito un poco de tu tibieza. 

El colectivo no se demoro y en cuestión de minutos estábamos viajando a destino. Escuchamos música compartiendo un auricular de cada lado mientras nos acurrucábamos en un asiento de dos. El mundo externo no existía, solo nosotras y las melodías que resonaban en nuestros oídos. 

Llegamos a la localidad de Caballito y caminamos tomadas de la mano entre la gente que nos miraba curiosa. Yo solo la seguía como si aquel fuese mi destino, sin titubear, sin preguntar, solo sintiendo esa calma que me recorría el cuerpo cuando estaba cerca mio. Feliz, relajada, con mis problemas desvanecidos y convertidos en cenizas. Debía ser magia, polvo de hadas o alguna explicación sobrenatural que pudiera hacerme entender todo esto.

Ingresamos por la puerta del consultorio medico. Odontología. En ese momento soltó mi mano. Hablo con la recepcionista y tomamos asiento. 

- Es solo por un chequeo, supongo que sera rápido, así que no tendrás que extrañarme tanto- Rió. 

Asentí con la cabeza y esperamos. La llamaron enseguida. 

Se puso en pie y me dedico otra de sus miradas mientras me entregaba una de las revistas que se encontraban en una mesita de vidrio. 

- Para que te entretengas en este breve lapso de tiempo. 

Una vez que ingreso al consultorio deje la revista de lado. Me sumí en mis propios pensamientos. Quería estar ahí para ella, en los momentos mas efímeros. Solo quería limitarme a pasarla bien. Observe el techo, la arquitectura, los pacientes que yacían esperando su turno por atenderse. Cerré los ojos y me volqué en dejar de pensar, en solo dejarme sentir esa maravilla de incógnitas que me esperaban. 

No calculo cuanto tiempo abre estado deambulando en mi vació neuronal pero antes de que me percatara Amanda salia reluciente de su consulta. 

- Todo ok- dijo haciendo un gesto con los dedos. 
- ¿Que sigue entonces?- pregunte mientras salíamos nuevamente al exterior.
- ¿Que planes interesantes se cruzan por tu cabeza?

En mi mente se formaba un torbellino de recuerdos. 

- Cine, como en los viejos tiempos. Yo invito y no acepto un no por respuesta. 
-Ahora tu tienes el control- Me guiño un ojo picaramente. 

Chequeamos horarios de cartelera en el celular y nos decidimos por una película futurista de acción mientras nos dirigíamos a destino. 
 Ya estando a unas cuadras del shopping Amanda se planto en seco.

- Tengo una idea para hacer de esta experiencia algo mas emocionante. 

La observe sin emitir palabra y ella continuo mientras abría un paquete de cigarrillos bastante arrugado. 

-  Pongámonos locas. - Deslizo un cigarrillo de marihuana entre sus dedos. 
- No estoy segura, ¡No voy a entender nada!
- No hay mucho que entender, solo déjate sentir.

(¿Ahora tenia super poderes de lectura de mentes?)

Accedí. Si eso la hacia feliz yo quería seguirle la corriente aun en contra de mis propios principios. 

Caminamos por  calles poco transitadas para evitar miradas ajenas y prejuiciosas. Encendimos el porro y volvimos a tomarnos de la mano en silencio. 
 Encontrándonos a metros de la entrada del shopping Amanda comenzó a hacer planteos mientras guardaba la tuca que había sobrado.  No entendí si para si misma o esperando una respuesta de mi parte. Solo dejaba escurrir palabras de su boca. 

- Le temo a los prejuicios sociales. Nunca fue fácil para mi ser tan abierta como lo sos vos. 

Me limite a escucharla detenidamente. 

- ¿Decirle a mis padres que también me atraen las mujeres? Es demasiado para procesar por mi cabeza. Me da terror imaginar lo que podrían llegar a decirme. 

Intento imitar una escena imaginaria. 

- Papa, mama, tengo pareja nueva- Me señalo- Ella es mi novia. 

Trague saliva, nerviosa. 

- Suena complicado- Concluyo. 

Decidí  acotar algo. 

- Yo creo que no siempre es preciso meter a la familia en el medio. Somos grandes, no necesariamente tenemos que pedir aprobación para ser lo que somos, es tema nuestro. Tampoco es necesario hacer un libro abierto de nuestras vidas. 
- ¿Siempre encontras un buen razonamiento para todo, verdad?

Ingresamos por la puerta giratoria. Solo me resumí en apretar su mano. 

El shopping estaba prácticamente vació. Era lógico siendo un miércoles y con la gente cumpliendo su rutina diaria de trabajo y sin tiempo de darse un gusto tal como ir al cine. Cuando procese esa idea me sentí afortunada. 

Pague las entradas y compre un balde de pochoclos. Minutos antes de ingresar a la sala de cine Amanda se paro frente a mi en seco. 

- Hay tantas cosas que me quedaron pendientes por decirte en aquel entonces cuando las cosas comenzaron a fluir.

Aguarde a que continuara.  

- Pero ahora no es momento, quiero esperar la situación adecuada para poder expresar todo aquello que quedo guardado dentro de mi. - Fueron sus ultimas palabras antes de volver a coger mi mano y adentrarnos a la función. 

La película resulto interesante aunque debido a mi estado de abstracción causado por la marihuana me pareció mas extensa de lo habitual. 

Nos dirigimos a la parada del colectivo haciendo comentarios acerca del desenvolvimiento de los actores y como habían interpretado a la perfección su papel. 

(No siempre se necesita ser actores profesionales para interpretar un papel digno de película en la vida misma)- Pensé.

Cuando llegamos a nuestro barrio Amanda planteo una nueva propuesta. 

- ¿Y si dormimos juntas otra vez? Es muy pronto para volver a separarnos. Todavía no estoy lista para alejarme de ti. 

Esta chica quería acabar conmigo. 

- Vayamos a mi casa- A esta altura me dejaba arrastrar por mis emociones momentáneas- Lo que debo aclarar es que es un símil chiquero. 
- Hasta un chiquero es agradable a tu lado. 

Una vez dentro de mi hogar (Si es que podía llamarlo así después del basurero en el que lo había convertido la ultima semana), pusimos música y bailamos interpretando ridículos movimientos arriba de mi cama. Miramos una película de terror, cenamos y el tiempo se dejo correr como si se tratase de una maratón en la cual nadie quería ser participe. Ojala pudiese detener el reloj y permanecer estancada en ese momento eternamente. 

Antes de dormir Amanda chequeo su celular.

- ¡25 llamadas perdidas!- exclamo horrorizada.

Adiós magia, adiós polvo de hadas. 

- ¿Tu novio debo suponer?

El celular volvió a vibrar. Atendió y me hizo un gesto para que guardara silencio. 
Una voz enfurecida resonó del otro lado del aparato. Yo podía escucharlo todo. 

- ¿Se puede saber donde estas? ¡Te mande mil Whatsapp, te envié mensajes, te llame 20 veces!
- Te dije que tenia que hacer tramites, estoy con Flor. 
- A mi no me importa eso, no te costaba nada atenderme y decirme que estabas bien ¿Tenes idea de lo preocupado que estaba?- sonaba realmente enojado. 
- Bueno, Ale, cálmate. Reconozco que estuve mal pero tampoco es para tanto. 
- ¿Le dijiste a tu "amiguita" lo que te dije que le informaras?
- Eeh... si. 

Me puse blanca y la realidad se me cayo encima como un pesado bloque de cemento. Pensé en preguntarle luego a que se referia con el mensaje que su novio quería darme pero decidí que era mejor no saberlo. 

- Entonces que quede claro, vos sos MÍA- Hizo especial énfasis en la ultima palabra. 
- Mañana hablamos, primero tenes que bajar varios cambios.
- Yo creo que la que...

Amanda colgó. 

- No lo soporto mas- dijo mientras apagaba el teléfono que había comenzado a vibrar nuevamente. 
- ¿Entonces para que seguís manteniendo una relación que no te hace feliz?
- No lo quiero lastimar, no es mal chico. Es solo que algo se rompió en el medio. 
- Sea cual sea el caso no podes seguir alimentando algo que no te llena... 
- ¿Sabes lo que pasa?- se acurruco a mi lado- El me ayudo mucho en todo este ultimo año con los problemas que fui afrontando. Me dio su hombro, soporto mis llantos y mis neurosis. Ahora que estoy mejor no puedo botarlo como si no valorara todo lo que hizo por mi. 
- Yo también habría estado ahí para vos si me lo hubieses permitido. Pero desapareciste. Fue tu decisión el quedarte sola apoyándote solo en Alejandro. Vos sabes que por vos yo siempre fui capaz de muchas cosas y no estaba exenta en brindarte todo mi apoyo y mi acompañamiento en cada una de tus duras etapas. Me hiciste a un lado. 
- Quiero cambiar eso. 

La abrace y nos entrelazamos como una enredadera, creadas por la mismísima naturaleza. Estaba avivando en mi el fuego del pasado, pero todavía no tenia la seguridad de como proseguir. Esta vez fui yo quien le dio un beso en la frente y así fue como nos entregamos a los brazos de Morfeo en un placido sueño. 




3

Me desperté con la imagen mas perfecta que podía recordar. Amanda se encontraba durmiendo a centímetros de mi cara, tan hermosa, tan calma. Lucia como un ángel terrenal.
 Le acaricie los hombros y las espalda. Moría por besarla, por volver a sentir esos labios posándose en los míos. Pero no podía aprovecharme de su estado de sueño, no seria lo correcto. Tendría que esperar, como todo lo bueno en la vida. 

Me levante de la cama intentando hacer el menor movimiento posible. Calenté la pava para hacer café mientras tomaba una ducha rápida. Puse música al compás que danzaba por la cocina recogiendo los envases que habían quedado reposando sobre la mesa y logre hacer una leve mejoría sobre el estado en que se encontraba mi casa. 

Fue en el momento en que cantaba un tema de los Beatles bastante desacertada y desafinada mientras preparaba mezcla para waffles que Amanda irrumpió en la cocina frotándose los ojos y soltando un bostezo. Realmente era una imagen digna de contemplar. Así, desarreglada y despeinada lucia preciosa. 

- Buen día, bella durmiente- Me acerque a ella y le propine un beso en la mejilla. 
- Primero, no te copies de mis frases, y segundo, yo diría que luzco mas similar a la bestia durmiente que a una bella doncella- Soltó una carcajada y luego observo la mejoría de mi hogar. - Te esmeraste. 
- No podía permitir que la bestia doncella se encontrara en un palacio tan desarreglado.
- Siempre tan dulce- dijo metiendo un dedo en mi mezcla de waffles y llevándoselo a la boca tentadoramente. 

Resistí la tentación de tirarme sobre ella y tumbarla contra la mesa. 

Se sirvió café y le dio dos sorbos.

- Tengo que irme.

Pudo notar mi cara de decepción cuando me di vuelta en seco. 

- Es que debo ir a trabajar, hoy me toca atender el local de mi mama. 
- Pensé que podríamos desayunar juntas, tranquilas ¿De verdad tenes que irte tan pronto?
- Lo que mas desearía es poder quedarme acá con vos. Si fuese posible para siempre, pero el mundo real no es tan perfecto. 

Me acerque a ella lentamente. 

- ¿Cuando voy a poder volverte a ver?- apoye mi mano en su mejilla. 
- Te voy a prometer algo. No vamos a distanciarnos nunca mas, hagamos espacio en nuestras agendas.
- No vuelvas a irte de mi vida... es muy extraño que hayas vuelto a aparecer así y es mas extraño el sentimiento que me provoca sentir que puedo volver a perderte de nuevo. 
- Siempre voy a estar para vos, pase lo que pase. Cuando menos te lo esperes vas a volver a tener mi fea cara enfrente tuyo. 

No sonreí. La mire con seriedad. 

- Tu rostro es el mas lindo que alguna vez pude presenciar- me sonroje al pronunciar estas palabras- manteen tu promesa.

Me abrazo.

- Prometido. 

Y salio por la puerta dejándome toda la casa repleta de su perfume y ahora de su ausencia. Su fantasma termino por enloquecerme pero plantándome en una sensación de placidez. En tan solo tres días veía la realidad y el mundo desde otra perspectiva. Lleno mi cabeza de nuevos y renovados momentos y aplasto el dolor que venia acompañándome con un simple y dulce abrazo. En ese instante le agradecí mil veces por eso y decidí salir con mis amigos y demostrarles a ellos y a mi misma que mi yo positiva y carismática había regresado. 




4

Los días posteriores trascurrieron sin muchas novedades. Me mensajeaba con Amanda pero ella alegaba encontrarse ocupada entre el trabajo y su novio celoso. 
 Asumí la posibilidad de que desaparecería nuevamente de mi vida. Pero la sensación que me provoco no fue de angustia ni dolor. Me había desatado de mis emociones. Ella fue mi puerta para salir de mi ensimismamiento con Diego. Ahora estaba en paz. 

Programe con mis amigos un viaje corto a Mar del plata aprovechando un fin de semana largo, una de mis amigas tenia un depto allí. Quería librarme de todo, respirar un nuevo aire, rodearme de la gente que me apreciaba y se preocupaba por mi bienestar. Los amigos son el mayor regalo que nos puede brindar la vida. 

La noche antes de salir resolvimos que pasarían por mi a las 7 a.m y sabiendo y conociendo que puedo llegar a ser un caos me aclararon alrededor de diez veces que tuviera mi equipaje listo para cargar al auto. 

Era martes y me encontraba chequeando la lista de cosas que necesitaría. Fue en ese momento que me percate de que no tenia mi cámara fotográfica. ¡Una loca fanática de las fotos como yo no podía irse de viaje sin su cámara profesional!. Me senté a recordar por donde la había estado paseando últimamente y fue en ese momento que como si me hubiesen propinado un ladrillazo en la nuca me di cuenta de que había quedado en el departamento de Diego. 

¿Que hago? Tengo tiempo de ir a buscarla ¿Pero realmente quiero verlo ahora que todo esta marchando tan bien en mi vida?

Evalué mis posibles reacciones al encontrarme frente a el. ¿Sentiría algo? No es que hubiese pasado mucho tiempo desde aquella semana agonizando en llanto en mi cama, pero si era cierto que dentro de lo que yo creía había dejado ese breve pasado atrás. 

Tome coraje y le envié un mensaje. Había dejado de abrir su casilla y me sorprendí al ver que me había dejado varios textos en los últimos días. 

Florencia Toscanini: Hola
Diego Poza: Al fin te dignas a aparecer. 
Florencia Toscanini: Me voy de viaje, necesito la cámara que deje en  tu departamento... ¿Esta por ahí?
Diego Poza: ¿Ni un como estas?
Florencia Toscanini: ¿Como estas?
Diego Poza: Bien, gracias por preguntar.
Florencia Toscanini: ¿Entonces?
Diego Poza: Si, esta acá. Pásala a buscar cuando quieras. 
Florencia Toscanini: La necesito para mañana temprano ¿Puedo ir ahora?
Diego Poza: Te espero. 

Mi cuerpo tembló. No estaba segura de si era debido a que entraba frió por la ventana o porque me encontraba nerviosa. Debía ser una mezcla de ambas. 

Una hora mas tarde mis dedos pulsaban el  timbre del portero eléctrico. 
 Ni siquiera hablo, la puerta se abrió y subí hasta su piso. 

Lo observe por primera vez después de poco mas de dos semanas. Llevaba la barba crecida y tenia una mirada impasible. 
 Mi cámara se encontraba reposando encima de la mesa del living. Me senté en una silla y el hizo lo mismo. 

- ¿Como estas? A mi si me interesa preguntarte- dijo clavando sus ojos en los míos. Su mirada se torno fría. 
- Bien, de hecho mejor de lo que esperaba. Pasaron cosas que me desconectaron en las ultimas semanas. 
- ¿Queres contarme?
- Apareció una persona con la que mantuve una relación amorosa en el pasado y me hizo dar cuenta de que no tengo porque andar sufriendo por un pelotudo cuando en el mundo hay mil posibilidades. 
- ¿Ahora soy un pelotudo?
- No quise decir eso... - agache la cabeza.
- Esta bien, te entiendo. Pero esa imagen te la creaste sola. Te recuerdo que yo nunca te pinte las cosas en colores vivos, siempre me mantuve en gris. Vos fuiste la que quisiste armar un arcoiris en un lienzo opaco. 
- Tuve sentimientos, no quise engancharme, intente mantenerme a tu nivel pero llegue a un punto en que las emociones me rebalsaban. 
- ¿Y ahora como ves las cosas?
- Diferentes. 
- ¿Tan diferentes como para que podamos volver a ser amigos sin que te metas cosas raras en la cabeza?

Me sentí indignada. Como si todo lo que sentí alguna vez por el no valiera ni dos centavos. 
 Estuve a punto de insultarlo pero lo que salio de mi boca fue totalmente lo opuesto. 

- Puede ser. 
- ¿Ves? Las cosas no tenían que ser tan difíciles, es solo cuestión de hablar y aclararlo. 

Siempre tan frió. Era tan similar a un robot que hasta en un delirio llegue a plantearme si cabiese la posibilidad de que fuese uno. 
 Pero lo acepte. Acepte que podía intentar vivir buenos momentos compartiendo las cosas que nos gustaban pero solo como amigos. Quizás era masoquista de mi parte, pero me sentí lo suficientemente fuerte y ¿madura? como para aceptar los términos. 

Conversamos. Le conté mi historia con Amanda. Escuchaba atentamente pero no le generaba absolutamente nada. Ni celos, ni planteos. Nada. Y a mi me dio igual. Eso me sorprendió de mi misma. 

Miramos vídeos musicales y bebimos unas cervezas. Encendió un porro de flores. Fumo inclinando la cabeza hacia atrás y estiro el brazo para alcanzármelo. 

- No, gracias.
- ¿Otra vez? Dale, no seas histérica. En el ultimo tiempo ya no querías fumar tampoco. 
- Sabes que la marihuana nunca fue mi gran afición. Empece a fumar estando acá con vos porque no podes vivir sin eso. Pareciera que recientemente toda la sociedad se hubiera autoimpuesto que no se puede vivir sin su dosis diaria de Cannabis. Acepto que a veces puede ser divertido pero no estoy segura de querer pertenecer a esa porción de sociedad. 
- Sos re anti, nena- Le dio una pitada larga y abrió otra cerveza.- Pero el chupi si que no lo soltas ¿verdad?
- Cerveza es cerveza, es mi verdadero amor- reí irónicamente. 

Me entone rápido. Como siempre. Cuando me quise percatar eran las doce de la noche. 

- ¿En que momento se hizo tan tarde? ¡Yo me levanto temprano, Diego! Me tengo que ir. 
- ¿Te vas a ir a esta hora? Déjate de joder. Te vas temprano y listo, vamos a dormir. 

Baraje las opciones. Realmente estaba un poco mareada y de lo que menos tenia ganas era de volver a mi casa a esta hora. Así que accedí aunque un poco confundida. Lo único que tenia que hacer era mantener mis ideas firmes. No sonaba tan complicado. ¿O si?

Le pedí una remera y un bóxer y me acosté en la cama. Era de dos plazas y muy espaciosa. El se tumbo lo mas lejos que pudo de mi. Eso me molesto un poco. 

Mire el techo, las paredes, el ropero. Sentí ganas de abrazarlo. Me contuve. No iba a caer de nuevo en eso, se supone que ahora tenia que ser una nueva persona, aunque en el fondo temía concretar la idea ya sabida de que la cruda verdad es que era una estúpida a cuerda.

Yo podía. Yo controlo todo. El mundo debe manejarse como yo decido manejarlo. Soy la única dueña de todo lo que pasa a mi alrededor. Sonreí en silencio y me dormí queriéndome creer esa chica capaz de mantener su vida en orden. ¿Por cuanto tiempo?




5

La alarma sonó y mis oídos lo captaron como el sonido mas chirriante e insoportable del maldito mundo. La había colocado bastante lejos para evitar la posibilidad de que en un arrebato de sonambulismo la apagara inconsciente y me perdiera mi preciado viaje a Mar del Plata.
 Intente callarla con la mente pero claramente no funcionaba. Diego me propino un codazo acercándose desde la otra punta de la cama. Se lo devolví y me puse en pie a regañadientes.
 Hacia frió, maldita sea, odiaba el frió. Casi tanto como madrugar. 

Me cambie, peine, lave los dientes (con mi cepillo que aun se conservaba reposando junto al de Diego) y me maquille un poco para disimular el estado zombie en el que me encontraba. 

- Me voy- dije susurrándole en el oído mientras Diego me espantaba vagamente como si me tratase de una mosca. 

Pronuncio una oración incomprensible. 

- ¿¡Que!?, habla claro, nene, no te entiendo. 

Me miro de reojo.

- Que agarres las llaves extras, no me voy a levantar. Llevatelas y volvelas a poner en tu llavero si queres. 
- No estoy segura de eso, prefiero que me abras la puerta vos.

Tarde. Volvió a roncar. Intente zamarrearlo un poco, sin resultados. 
 Resignada cogi el par de llaves de la repisa. La realidad es que había sentido mi llavero vació sin ellas desde el día en que se las devolví en un arrebato de drama, pero no era hora de pensar en eso. 

Antes de irme le di un beso en la cabeza. No lo evalué, solo lo hice. Supongo que jamas se percato de ello, de mis pequeños gestos de cariño. 




6

Me fui de viaje con el fin de resetear mi cabeza, de enjuagar mis ideas y de inspirarme en lo maravilloso de estar vivo disfrutando de lo que se me otorgaba con facilidad: Buenos momentos. 

Mis amigos me proporcionaron risas, diversión, contension, cada segundo con ellos era un viaje a un universo feliz. No tenia palabras para expresar lo que daría por vivir así por siempre. Sin problemas, sin autoplanteos estúpidos, sin una loca y neurótica yo comiéndome la cabeza. Solo rodeada de estas increíbles personas haciéndome olvidar esa parte gris que condiciona al mundo. 

La vuelta a casa me resulto tortuosa, si hubiese tenido la plata que quisiese a mi alcance no hubiese regresado nunca. 

No me pude contener en comprar dos regalos. Uno para Amanda. Otro para Diego. Lo se, soy patética, pero no puedo evitarlo, al fin y al cabo constituye lo que soy y no tengo porque avergonzarme de ello. Soy una cursi empedernida. Una cursi bastante confundida, también. 

Me dejaron en mi casa a las diez de la noche, nos saludamos emotivamente y me ayudaron a entrar mi equipaje (que como siempre era el doble que el del resto).
 Una vez sola y dentro de mi hogar me tumbe en la cama. Sentía el cuerpo cansada y pesado, me dolía cada uno de mis músculos. No es que hubiese corrido una maratón ni mucho menos pero el hecho de viajar en auto durante largas horas me provocaba agotamiento corporal. 

Mi celular recibió un WhatsApp. 

Diego Poza: ¿Ya volviste?
Florencia Toscanini: Acabo de pasar por la puerta, siento como si me hubiera atropellado una moledora. 
Diego Poza: ¿Entonces si te digo de venir al depto tengo un no asegurado?
Florencia Toscanini: Te compre algo. 
Diego Poza: ¿Enserio?, ¿Que es?
Florencia Toscanini: En breve lo veras con tus propios ojos. 

No me importo el cansancio, ni el sueño que me invadía segundos antes. Mis conexiones neuronales claramente estaban fallando, pero queria verlo. No se con que fin, ni si era saludable para mi misma. Pero lo quería y decidí seguir mi deseo.

Cuando llegue al departamento entre embalada. Lo abrace, el me hizo a un lado. Odiaba los abrazos. 

- Sos un arisco- refunfuñe. 
- Ya me conoces. 

Abrí mi bolso y le entregue el paquete envuelto en papel regalo. Intento analizarlo. 

- ¡No adivines, abrilo!

No se resistió demasiado. En segundos visualizaba el vaso chopero de cerveza térmico. Contenía un gel interno que al ponerlo dentro del freezer se congelaba para que a la hora de servir la cerveza esta se mantuviera en el punto exacto de frió. Personalmente a mi me parecía genial. 

- Me encanta, gracias- Sonrió y me abrazo (No se si fue un abrazo de compromiso o la recompensa por haberle traído un regalo, pero me hizo sentir estúpidamente feliz).

Comimos algo, probamos el vaso chopero después de dejarlo reposar en el freezer por media hora, jugamos vídeo juegos y luego Diego se sentó en la mesa a picar marihuana. 

- ¿Hoy si vas a fumar?- me miro desafiante. 
- No lo creo, ¿Debería?
- Acabas de volver de vacaciones, relájate un poco. 

Lo encendió y le dio tres pitadas. Me lo paso. Lo mire insegura.

- Sácate esas ideas raras de que se te va a fundir la cabeza si fumas seguido, es todo una mentira para asustarte. Esto te abre la mente. 
- Bueno, todavía recuerdo cuando creía que los efectos colaterales de fumar marihuana era quedar con ojos chinos para siempre. 

Ambos soltamos una carcajada.

- ¿Ves? Sos una exagerada. Déjate de joder. 

Daba igual, decidí dejar mis planteos inseguros de lado y envolverme en el clima del momento. 

Es increíble como todo cambia de una pitada en otra. El mundo se vuelve mas pequeño y todo se torna extraño, abstracto. Analizas cosas que no se te hubiesen ocurrido en toda tu maldita vida. Cosas sin sentido y que probablemente no te sirvan para nada, pero que en ese preciso instante te parece la idea mas extraordinaria jamas pensada. Una idea que mañana va a estar borrada para siempre de tus recuerdos. Como dije, sin sentido. 

Miramos una película de los años noventa y trasnochamos lo suficiente como para alterar nuestros horarios de sueño. Cuando nos pareció que las cuatro de la mañana era acorde a irse a dormir nos fuimos a acostar. Estaba fumada, muy fumada. 

Volvió a colocarse muy en el extremo de la cama, alejado a mi. Yo tenia frió, bastante, y entre mi locura mental y el efecto de la marihuana me acerque a el y lo abrace sin pensarlo. 

- ¿Que haces?
- Me congelo, déjame entrar en calor un ratito y te suelto- lo apretuje entre mis brazos. 
- Bueno, pero un ratito.
- Sos malo, nene. 
- No soy malo, es que vos no entendes- Me saco el brazo que lo rodeaba. 
- ¿Que queres que entienda?
- No quiero que te confundas, si dejo que me abraces te estoy dando el pie a que termines pensando cualquiera. 
- Ya entendí como son las cosas. Nada serio, no sentimientos, solo amistad. 
-Lo que pasa es que vos ya querías un noviazgo o algo así, te ponías celosa si hablaba con mi ex, no querías que anduviera con otras mujeres. 
- Bueno, pero ahora cambie de actitud. Es tu vida, hace lo quieras.
- ¿Tan rápido pudiste cambiar tu forma de pensar?

Sentí que quería analizarme. 

- Esa soy yo, saltando de etapa rápidamente- dije victoriosa, aunque no estaba segura de creérmelo. 

Volví a abrazarlo y no opuso resistencia. 

Hundí mi nariz en su remera. Odiaba los perfumes de hombre pero adoraba SU perfume, tenia algo especial para mi, me atraía, me volvía un poco loca. Un poco mas loca de lo que ya estaba. 

Acaricie su pecho, su panza, y fui bajando la mano hasta su entrepierna.

- Disculpe, ¿Que cree que esta haciendo, señorita?
- Nada... - mi voz sonaba entrepausada. 
- Uno se deja abrazar y ya se quieren aprovechar de su bondad. 
- ¿Mhmm?

Roce su miembro por encima del pantalón de tela que llevaba puesto. Primero haciendo ligeros movimientos, insinuando desearlo pero sin llegar a concretar nada. 
 Luego de a poco fui introduciendo mis dedos dentro de su bóxer, acariciando levemente el prepucio. El no emitía sonido alguno, permanecía quieto como una estatua. 
 Tome su pene con toda mi mano, se encontraba duro y el solo roce en contacto con mi piel provoco que me mojara toda. Podía sentir mi propia humedad en contacto con mi ropa interior. 
Tenia hambre, mucha hambre. La suerte  es que tenia los ingredientes justos para saciarme. 

Me relamí observando su pene como si se tratase del manjar mas delicioso y exótico. Deseaba que recorriese cada centímetro de mi boca, llenarme hasta la garganta hasta quedarme sin aire.
 Decidí no hacer mas larga la espera, la ansiedad carcomía todo mi ser. Lo saque de su bóxer y me lo lleve a los labios. Delicioso, lo sabia.  
 Devore ese glande gordo e hinchado y fui pasando mi lengua por todo el falo. Pude notar como los dedos de sus pies se estiraban a medida que iba variando mi ritmo. 
 Continué hasta que sentí que mi vagina me pedía a gritos sentirlo dentro, fue entonces que me desprendí de mi ropa (bastante torpemente) y me coloque encima de el. 
 Estaba completamente mojada, no podía esperar un segundo mas. Con un golpe seco me lo introduje de lleno dentro de mi y solté un gemido. Se sentía tan bien, podía percibir cada una de sus terminaciones nerviosas a medida que subía y bajaba, al principio despacio, luego moviéndome frenéticamente, como si mi vida dependiese de explotar al máximo esa sensación de placer absoluto que me estaba estallando la cabeza... entre otras cosas. 
El mundo podía ser plano, la pobreza podría haberse acabado o bien Hitler pudo haber revivido y gobernado un continente entero, que a mi me daba igual. Lo único que me importaba era ese magnetismo eléctrico que me iba subiendo desde la punta del cabello hasta la yema de los dedos. Y de repente... Bum. Todo el universo era un lugar maravilloso. Sentí mi cuerpo vibrar, mis muslos se contrajeron y estalle en un orgasmo colosal. 

Me tumbe sobre su pecho mientras los increíbles segundos mágicos iban abandonando mi cuerpo ¿No podían quedarse conmigo por siempre?

- ¿Ahora es mi turno?

No comprendí si fue una pregunta o una afirmación porque en cuestión de segundos se encontraba arrodillado frente a mi. 
 Lo mire atontada todavía bajo los efectos del trance de mi orgasmo. Pero sin dudarlo me metí su pene de lleno en la boca. Dejo que lo manejara a mi modo durante un breve momento y luego comenzó a masturbarse con su mano, mientras yo le daba pequeños lametones en el glande esperando como una fiera hambrienta mi preciado alimento. Y no tardo en llegar. Tibio, pegajoso, exquisito.  Lo fui tragando a medida que salia a borbotones de ese órgano que colapsaba todos mis sentidos. Lamí hasta que no quedo ni una sola gota. ¿Porque lo bueno siempre se acaba?

Caímos rendidos, pero satisfechos. Yo tenia dibujada en mi cara una sonrisa de oreja a oreja. Estaba extasiada. ¿Grises? Los grises no existían en este hermoso mundo color arcoiris. 




7

Abrí los ojos y me descubrí abrazando la almohada. Diego se encontraba a varios centímetros de distancia de mi, de espalda. Quise estirar la mano para tocarlo pero desistí en el intento. ¿Era correcto lo que había sucedido anoche?, ¿Quien define la linea entre lo que esta bien y puedo tolerar y lo que esta mal para luego cobrarme factura? Tenia que ser fuerte, aventurera, mantenerme impasible ¿Podía hacer eso? Intente no dudarlo, de lo contrario era el momento perfecto para saltar por la ventana y perderme para siempre antes de desatar el caos. Pero no, estaba lista para enfrentar las consecuencias de mi propia estupidez. No iba a volver a sufrir, no me lo permitiría nuevamente. Tomaría las cosas con calma en una versión mejorada y recargada de mi misma (Ni que fuera Terminator).

Me levante de la cama y fui a comprar al supermercado algo rico para almorzar. No tenia nada apetecible en mente pero termine por decidirme por un arroz cuatro quesos. Tarareaba inconscientemente una canción de Babasonicos y me reí de mi misma cuando me percate de ello. 
 Cuando regrese al departamento me puse a revisar mi celular. 

Amanda Cossio: Hoy te quiero ver, así que deja de lado todo plan que tuvieras en mente. Hoy sos mía. 

Me descoloque. La oportunidad de hacer un cambio radical en mi vida se me presentaba ante una pantalla de vidrio frente a mis ojos ¿La tomaría? Claro que si, las cartas del destino me invitaban a jugar y la meta era a ganar. A todo o nada. 

Florencia Toscanini: Paso por tu casa a las cinco de la tarde, te extrañe mucho. 

No había lugar para arrepentimientos. 

Almorcé con Diego, nos reímos de los últimos vídeos virales de Internet y hablamos de banalidades. No se toco el tema de anoche, hasta llegue a pensar que había sido una ilusión creada por mi cabeza bajo los efectos del estupefaciente y el alcohol. Pero mi cuerpo no me indicaba lo mismo, dentro de mi sabia que había sido real. 

Volví a mi casa, tome una larga ducha relajante envolviéndome en las gotas de agua caliente, destensionando cada parte de mi anatomía. 

Estaba saliendo por la puerta de entrada con las llaves en la mano cuando escuche una bocina de auto a mis espaldas.

- ¡Te enganchamos justo! Estaba por llamarte al celular- Amanda me miraba sonriente desde dentro del vehículo en el asiento trasero. 
- ¿Te sorprendimos, verdad?- Facundo me saludo con la mano efusivamente. 

Observe el reluciente Volkswagen y me trasporte al pasado. Cuanto tiempo había pasado desde aquellas aventuras en que Facundo tomaba el control del volante mientras Amanda, Nicolas y yo barajábamos ideas al azar acerca de cual seria nuestro próximo destino indefinido.

- ¡Hola, bañoooooor!- Nicolas pintaba una mueca ridículamente chistosa en su rostro.
- ¡Esa anécdota es nuestro sello registrado de desastres por la vía publica!- Exclame riendo. 
- Y eso que no estuviste para presenciar sus recientes fallidos intentos de conquista con las chicas ricas a la salida de los boliches- Agrego Facundo. 
- No queremos imaginarlo- Nos dirigimos miradas cómplices con Amanda.
- Esa historia es genial, todavía recuerdo a Nicolas asomando medio cuerpo por la ventanilla mientras emitía en una especie de gruñido similar al alarido de un oso agonizando "Hola, mi amor", pero que gracias a la borrachera que llevaba encima concluyo siendo un "Hola, bañooor"- Cito Amanda- Esas chicas no abran escuchado algo tan original en toda su vida. 

Los cuatro nos reímos. Me sentía tan a gusto. Abrí la puerta y tome mi posición en el auto haciéndome lugar al lado de Amanda, que me propino un beso en la mejilla lo suficientemente cerca de la comisura de los labios como para hacer que me pusiera roja como un tomate. 

- ¡A donde vamos?- Pregunte curiosa.
- Si te decimos va a perder la gracia. 

Alegue mi derecho a replicar pero decidí que tal vez era una buena idea dejarme sorprender. De hecho era lo que tanto anhelaba. Sorprenderme. 

Transitamos entre el trafico por la 9 de Julio hasta lograr estacionar el vehículo. Nos bajamos y los seguí ansiosa, a la expectativa de que planes tenían en este día de reencuentros. 

Frenamos ante la entrada del Paseo La Plaza. 

- ¡Los amo! ¿Enserio?- Exclame contenta al ver que deslizaban ante mi emocionada mirada dos pares de entradas para un show de Stand up. 
- Como en los viejos tiempos. 

Si el pasado mezclado con el presente se iba a poner tan extraordinario entonces el futuro no tenia chances de ser malo. 

Estallamos en carcajadas, Bebimos tragos exóticos y decidí atesorar ese mismísimo momento en mi baúl de recuerdos. Era feliz, y era una sensación estupenda. Viejos amigos y Amanda, una combinación explosiva. 

Decidimos hacer nuestra próxima parada en un bar rock de Palermo. Pedimos unos vasos largos de Fernet y continuamos sumiéndonos en recuerdos que pretendían conectarnos en este presente. 
 Amanda se había colocado en el asiento frente al mio y lograba hacerme tartamudear cuando disimuladamente rozaba su pierna con la mía. Notaba mi nerviosismo y eso le generaba un goce de satisfacción. Esta chica era macabra. 

De regreso a casa pusimos en el estéreo del auto un set de Armin Van Buuren a todo volumen. Teníamos un gusto musical realmente variado. 
 Llegamos a la puerta de mi hogar. 

- ¿Quieren entrar? Creo que me quedan unas cervezas en la heladera. 
- Te lo agradecemos mucho, Flor y la pasamos genial, pero mañana tenemos que madrugar- Dijo Facundo señalándose a si mismo y a Nicolas. 

Mire a Amanda esperando a que se bajase conmigo. 

- Lo siento, me surgió un compromiso- se retracto decodificando mis ojitos tristes- Pero te prometo que antes que te des cuenta volveré a estarte encima arremetiendo contra tu paz. 
- Entiendo- La abrace y me hundí entre su cabello, olvidándome por un instante de que Facundo y Nicolas se encontraban observándonos.

Salude a los chicos y tantee el bolsillo de mi campera. Saque un pequeño paquete y se lo coloque a Amanda en la mano sin emitir palabra. 

- Espero volver a verlos pronto- salude en voz alta.

Y antes de bajarme del auto le susurre a Amanda al oído.

- A ti espero verte mas pronto que nadie. 

Cuando ingrese a mi casa me dirigí directo a mi habitación. Abrí la casilla de Whatsapp y me di la oportunidad de explicarle a Amanda el significado de mi regalo.

Florencia Toscanini: Una pulsera de cuentas, de un color tan rojo y tan vivo que expresa la pasión que me provocas al tenerte cerca. Fuese lo que fuese que signifique esto para vos.

No espere una respuesta, sin embargo mi celular vibro enseguida. 

Amanda Cossio: No hace falta ningún objeto material para expresar en carne propia la química que siento cuando tu presencia es lo suficientemente fuerte como para quitarme el aire. 

Abrace el teléfono sintiéndome una niña puberta de doce años. Y con una alegría que me envolvía como una manta tibia en un gélido día de invierno dormí cobijada por estas complejas  y emocionantes sensaciones. 




8

Cuando amanecí decidí que era hora de organizarme un poco. Escribí una lista de compras chequeando todo aquello que faltaba en mi hogar y me arme de paciencia para hacerme a la idea de que tendría que jugar a esquivar gente con mi changuito de supermercado al mejor estilo autitos chocadores. 

Tome mi bolso, mi lista recientemente armada y me prepare a salir a matar. Haber ahorrado dinero me venia bien ahora que estaba desempleada. 
 Mi celular vibro. 

Diego Poza: ¿Si no tenes nada mejor que hacer me acompañas al supermercado? Necesito tu visión femenina acerca de los mejores productos en precio y calidad. 

Me estaba tomando el pelo, debía ser eso. Observe a mi alrededor como esperando encontrar cámaras de vigilancia. Eso o tenia poderes telepáticos. 

Florencia Toscanini: Sos increíble ¡Me estaba por ir a hacer una compra mayorista también! ¿Acaso me estas vigilando?
Diego Poza: Hermosas casualidades. Quédate en tu casa, te paso a buscar en remis. 

Aguarde mientras chequeaba Facebook. Decidí bloquear el perfil del  novio de Amanda para ser libre de publicar y etiquetarla en lo que quisiese sin generarle ningún tipo de conflicto. 

"No importa cuanto tiempo pase sin verte, una vez que te tengo frente a mi todo se resume en un segundo"

Dude un momento, tomando coraje. Publicar estado, etiquetar a Amanda Cossio. Listo, lo hecho, hecho esta. 

Dos golpes de bocina me sacaron de mi ensimismamiento. Guarde mi teléfono en el bolsillo y cerré la puerta con llave mientras saludaba a Diego y al chófer al mismo tiempo que entraba al auto. 

El supermercado se encontraba abarrotado de gente pese a ser un día de semana. Llenamos nuestros changos con frutas, verduras, artículos de limpieza, golosinas. Diego quiso arrastrarme a la góndola de carnes y embutidos pero me resistí como pude propinándole un golpe en la nuca.

- El olor a cadáver me descompone- exprese con una mueca desagradable. 
- Adecuate a vivir como la gente normal, nuestro cerebro avanzo gracias a que comenzamos a ingerir carne en la prehistoria. 
- Me niego rotundamente, no pienso ser participe de la matanza egoísta e innecesaria de seres inocentes. Ademas ya no vivimos en la prehistoria, nene. Superalo. 

Era imposible discutir con Diego o con cualquier otra persona consumista de sufrimiento vivo. Estaba armada de fundamentos bien elaborados, pero recitarlos mentalmente no iba a lograr hacerlos cambiar de opinión. Con el tiempo y tras varios desgastes físicos acabarían por darse cuenta solos. 

Luego de hacer una larga fila, burlarnos de la pelada del tipo de adelante y pelear con la cajera por un producto que no podía venderme debido a que no se leía el código de barra; salimos cargados de varias bolsas repletas de la compra mensual. 
 Tomamos un taxi haciendo malabares para frenarlo y Diego me dejo en mi casa. 
 Aviso al chófer que me ayudaría a cargar las bolsas y cuando estuve a punto de despedirme me quito la llave de las manos, me saco fuera de la casa y cerro la puerta. 

- Vamos a cocinar algo rico al departamento. Algo dulce, como te gusta a vos. 

Me dejo helada, no me lo esperaba. Intente estirar el brazo para coger mis llaves mientras daba pequeños brincos, pero el me observo burlonamente.

- No tenes opción, dale. ¡Vamos, que me va a cobrar demora!

Lo seguí, resignada. Aunque en el fondo me encantaba la idea de pasar mas tiempo a su lado. Y esa idea era peligrosa. 



Pasamos el resto de la tarde haciendo mas chiquero que cocina. Pintamos el piso del departamento de blanco harina y nos ensuciamos la cara con masa de panqueques. 
 El resultado fue interesante, panqueques de banana con helado y chocolate derretido por encima. Con cada bocado se mezclaban en mi boca distintos ingredientes: Fruta, Cacao,azúcar, vainilla, amor. 

Nos complementábamos hasta a la hora de lavar los platos. Yo lavaba, el secaba. Era realmente una tontería, pero ese pequeño momento compartido me hacia feliz. 

Nos sentamos en el sillón frente a la tv a brindarnos un merecido descanso. 
 Intente acurrucarme sobre su hombro pero enseguida me esquivo.

- Yo no te toco, vos no me tocas. Esas son las reglas- su voz sonaba mecánicamente.  
- ¿Tanto te jode un abrazo mio o un roce?- Estaba atónita- Mi cariño no es de ácido. 
- Sencillamente no me gusta ¿Tanto te cuesta entender eso?

Me coloque al otro extremo del sillón y observe a la nada sin punto fijo. No podía comprender porque se comportaba de esa manera, pero al fin y al cabo había tantas cosas en la vida que no podía entender. No siempre se hallan las respuesta a todo, ciertas veces lo único que nos queda es conformarnos con lo que ven nuestros ojos sin intentar buscar conexiones mas profundas. Simple, sin vueltas. No me apetecía jugar a la calesita.

Su celular sonó y el prosiguió a responder un mensaje.

- ¿Quien es?- Pregunte inocentemente.
- Una mina que me cogí el otro día- respondió sin miramientos y sin despegar la vista de la pantalla de su celular. 

Puse cara de haberme tragado una mosca. Quise decir algo pero me pellizque el brazo obligándome a callar. 

(Es libre, es libre, es libre. No tenes derecho a decirle nada, Florencia)- Me recordé para mis adentros. 

Creí sentirme quebrar, estaba rogando por que las lagrimas no salieran despedidas como catarata de mis ojos que empezaban a tornarse brillosos. Respire hondo, apreté los puños. Me contuve lo mas que pude y conté hasta diez. Estaba todo en mi cabeza. Los celos, las emociones, mi cariño inexplicable y absurdo hacia Diego. Yo podía (y debía) controlarlo. 

Intente centrarme en el juego que pretendía jugar.
 Tome mi celular y envié un mensaje.

Florencia Toscanini: Me gustaría que estés ahora acá conmigo...

Como si hubiese estado pendiente de mi por una razón del destino Amanda contesto en cuestión de segundos. 

Amanda Cossio: Sos una tierna ¿Me extrañas?
Florencia Toscanini: Mucho.
Amanda Cossio: Entonces prepárate, estoy para cumplir tus deseos. El genio de la lampara un poroto. Voy para tu casa. 

Se desconecto. 

 Abrí las notificaciones y comprobé que había respondido la publicación en la que la etiquete por la mañana.

"Sos mi personita especial"

Sonreí en silencio. Diego no se percato de ninguno de mis choques emocionales. 




9

- Me voy- exclame mientras tomaba mi saco que se encontraba reposando en una silla. 

Diego me miro de una forma que no supe entender. 

- Te enojaste?- Se puso en pie soltando el celular. 
- No, esta todo bien. Créeme cuando te asegure que de ahora en mas soy una persona nueva- Deslice las mangas del saco entre mis brazos. 
- ¿Entonces porque te vas?

Esto ya parecía un interrogatorio, pero yo estaba decidida a darle todas las respuestas que quisiera, sin pelos en la lengua. 

- Viene Amanda a casa, no sos el único que puede tener romances ¿Sabes?

Se quedo pensando en vaya uno a saber que mientras se rascaba la barbilla. 

- Entiendo- su voz sonaba como si intentara concretar una idea.

Mire el reloj. Marcaba las 7:15 p.m y me decidí a no perder mas tiempo. 

- Bueno, nos vemos, nene. 

Y en ese momento expreso en palabras lo que estaba incubando en su retorcida cabeza. Con lo cual me hizo frenarme y abrir los ojos como platos. 

- ¿Porque no le decís a tu amiguita Amanda que venga para acá?

Primero pensé que era un chiste de mal gusto. O quizás había escuchado mal, tal vez mi sentido auditivo me jugaba una mala pasada y esa loca proposición no había sido real. Decidí averiguarlo.

-¡¿Que!?- Fruncí el entrecejo. 
- Lo que escuchaste. No empieces con tus Drama Queen, si te consideras tan  madura como profesas ser entonces demostramelo. 

¿Acaso me estaba desafiando?

- ¿Y con que fin queres vos conocer a Amanda?- le instigue. 
- Somos amigos, Flor. Deberías ser capaz de presentarme a tus futuras parejas.

Esto ya era el colmo. 

- Primero, Amanda no es mi pareja. Tuvimos algo en  el pasado pero actualmente no hay nada físico entre nosotras. Segundo, es una situación en extremo bizarra- Analice la siguiente reacción de su rostro. 

Me miro calmo. 

- Entonces no tendría que ser un problema organizar una reunión de amigos. Puede ser divertido. 
- ¿Que pretendes, pervertido?- dije casi bufando. 
- ¿Ves como sos? Ya te estas metiendo cosas raras en la cabeza. 

Este imbécil quería jugar con mi mente. Pero no estaba dispuesta a darle el placer de volverme loca. El juego modifico sus reglas pero la partida continuaba. 

Sin decirle una palabra mas y guiada por un titiritero esquizoide moviendo sus hilos invisibles me encerré en su habitación mientras marcaba con mis dedos el numero de Amanda. 

Uno. Dos. Tres tonos. 

- Hola, preciosa, estoy por subirme al remis por si te preguntabas si ya salia- Se escuchaba ruido de llaves y autos en movimiento. 

Tome coraje.

- Estoy en lo de un amigo. Íbamos a tomar unas cervezas, ¿No queres venirte para acá?
- ¿Vos decís? Yo quería verte a vos, no a alguien que no conozco. Sabes que soy medio antisocial con desconocidos. 

Pensé en un buen argumento.

- Lo se, pero es un chico buena onda (Sentí un poco de asco al pronunciar esa patética descripción de su persona considerando lo que estaba haciendo con tal de demostrarle vaya uno a saber que).
- ¿Y que vamos a hacer ahí?
- Lo mismo que hacemos todas las noches, Pinky- Intente sonar graciosa.
- Dale, boba.
- Tiene flores, de excelente calidad... creo que te va a gustar probarlas.
- Vos siempre tenes el clavo justo para convencerme. Pasame la dirección por mensaje. Nos vemos en breve. 

Colgué y le envié la calle y sus respectivas numeraciones. Me senté en la cama dejando el teléfono a un lado. ¿Que acababa de hacer?, ¿Mi teoría se había vuelto realidad  y finalmente la marihuana había consumido la poca lógica que me quedaba? Lo cierto es que ya no había vuelta atrás. 

Volví a donde se encontraba Diego. Sentía mi rostro palidecer.

- ¿Estas bien?
- No estoy segura, creo que estoy chiflada. 
- Lo que vos necesitas es dejar de maquinar tanto en esa cabecita de chicle. 

Lo odie. 

- Voy a comprar dos cervezas mas y de paso te dejo el terreno para cuando llegue tu amiga. Hacele un bonito tour por el departamento. - Dijo cogiendo envases. 
- Te odio- Lo mire con furia. 
- Yo se que no- Me guiño un ojo y salio por la puerta dejándome sola entre esas paredes que me oprimían y se movían a mi alrededor aun permaneciendo inmóvil. 

Puse la mente en blanco. Me zumbaban los oídos como si un enjambre furioso me acechara por los rincones. Los rincones de mi mente, oscuros y retorcidos. 

Habrían trascurrido alrededor de diez minutos en los que creí haber quedado en coma, fue entonces que desperté de mi trance a causa del resonar del portero eléctrico.

- Abro- Dije oprimiendo el botón que abría la puerta principal del edificio. 

Espere ansiosa, nerviosa. Deambulaba en círculos alrededor de la mesa de madera ubicada en el comedor. Quizás en estos momentos no era mala idea brincar por la ventana ¡No estaba lista para desatar el caos!

Escuche la puerta del ascensor abrirse en el pasillo. Inhale una bocanada de aire tratando de no hiperventilar. Las manos me sudaban.

Vamos, Flor- me dije a mi misma- no pasa nada. Amanda no sabe quien es Diego para vos ni toda la historia que te estas escondiendo detrás y tampoco tiene porque enterarse nunca. Todo va a salir bien, es una simple reunión como tantas otras compartiendo un ¿placido? momento con ¿amigos?
 Otra parte de mi que hacia un terrible esfuerzo por mantener callada me gritaba entre eufórica y furiosa ¡Sos una estúpida!, ¿¡Como llegaste a esto!?, ¿Que demonios se te paso por la cabeza, se te aflojaron las tuercas?

Calma, calma. Era todo lo que pedía. 

Pude oír los pasos acercarse a la puerta y no espere ni un segundo mas, la abrí conteniendo el aliento. 

- Adelante mi bestia doncella- La invite a pasar demostrando la mayor normalidad de la que era capaz  de aparentar.
- Oh gracias, divina caballera- me sonrió ondeando su melena con gracia.

Verla parada en el centro del comedor observando los detalles minimalistas de la decoración me provoco una extraña sensación. Como si la realidad se hubiese alterado y un agujero negro estuviera succionando la poca cordura que manejaba el mundo. 

- ¿Y tu amigo?- pregunto buscándolo con la mirada. 
- Se fue a comprar cervezas.
- ¿Fue un plan tuyo para que nos quedemos a solas?- rió picaramente.

Me sonroje, me hacia sentir como una adolescente. 

- Me descubriste- levante las manos en alto fingiendo estar decepcionada. 
- Me alegro que así sea entonces.

Estaba hermosa. Lucia un pantalón gamuzado y una remera con el logo de la banda Megadeth, con el pelo suelto barriendo sus hombros con delicadeza. En su muñeca pude apreciar la pulsera que le había obsequiado. 

- Te la pusiste- dije mientras tomaba su brazo para poder verla mejor. 
- Si  decidiste representar la pasión que decís sentir por mi con este objeto entonces no me lo quitare jamas en la vida. 
- ¿Y vos que tipo de pasión sentís por mi?
- Eso no lo puedo expresar con palabras- Coloco sus brazos alrededor de mi cuello.
- ¿Entonces de que manera puedo saberlo?- mis circuitos neuronales estaban como locos, si pudiese describir gráficamente lo que pasaba por mi mente diría que lo reflejaría como fuegos artificiales en festejo de año nuevo. 

Me beso. En ese departamento, en esa habitación, rodeada de toda esa ridícula decoración minimalista, zambullida en los recuerdos que había sembrado con otra persona en ese mismo lugar. Dejando esparcir el caos. 

Sus labios eran tan dulces como los recordaba, su aliento olía a fresas (quizás debido a su adicción a las pastillas frutales con mentol) y yo quería envolverme en ella. Enredarme por siempre en su suavidad, aferrarme de tal manera para que nunca me permitiese caer. 

Y justo en ese momento en que me creí rodeada de paz la puerta se abrió de par en par. Casi muero del susto. Quizás morirme hubiese sido mas fácil. 

Amanda me soltó rápidamente y le dedico una sonrisa a Diego que la observaba de pies a cabeza. 
 Sentí celos, yo quería ser la dueña de esas sonrisas. 

- Hola- dijo este saludando con un beso en la mejilla a Amanda mientras estiraba el brazo dejando reposar las cervezas en la mesa. 
- Un gusto
- Igualmente

(No me hacia demasiada gracia que fuese un gusto para ambos)

- ¿Que te parece mi humilde morada?- Diego abrió los brazos abarcando todo a modo de señalizacion. 
- Interesante decoración, me agrada. Yo podría vivir en un lugar como este. 

Quería comprar tapones y colocarlos en mis oídos para no tener que escuchar nada de lo que pudiera avecinarse. Esto era una catástrofe inminente. 

Decidí buscar algo que hacer antes de comenzar a tirarme del cabello. Destape una cerveza, guarde la otra en el freezer y traje vasos. Serví, sin espuma claro. 

- ¿Así que te gusta Megadeth?- Diego señalo la estampa en la remera.
- Es mi banda favorita- respondió ella orgullosa. 
- ¿En serio? ¡La mía también!- dijo emocionado- Pensé que quizás eras una mas de esas niñas caretas que se ponen remeras de bandas sin siquiera haber escuchado un tema. 
- Jamas, esto es pasión pura- exclamo colocando una mano en su pecho. 

Quería que me tragara la tierra. Estaban hablando de música pesada,de instrumentos, de Megadeth y yo había pasado a un segundo plano. Lo peor es que no fue compromiso la coincidencia musical, la banda favorita de Diego realmente era Megadeth. 

Me bebí mi vaso de cerveza de un sorbo y automáticamente me serví otro. Quizás así podía vivir esta situación de forma mas leve. Cualquier intento de solución a esta pesadilla que yo misma había creado era bienvenida.
Pusieron música eligiendo un tema cada uno y discutiendo sobre cual bibliografia había estado mejor. Apagamos las luces y solo quedo el reflejo de la pantalla del monitor de la pc. 

- Florencia me comento que te gusta fumar- Dijo Amanda recordando como la había convencido para caer allí. 
- Me ayuda a relajarme- Diego me clavo la mirada por un segundo- creo que es hora de empezar la fiesta.

Me había comido la lengua el gato. Mis cuerdas vocales parecían anuladas.

- ¿Tenes flores?- pregunto Amanda cuando vio el frasco que reposaba sobre la repisa.
- Si voy a fumar que sea calidad, nada de prensado asqueroso.
- Eso es genial- agrego mostrando sus blancos dientes en una amplia sonrisa. 

Comenzó la convención de tos. Me pregunte si los vecinos creerían que el chico del tercer piso había organizado una reunión de tabaquistas compulsivos. Estas flores eran muy fuertes. 

- Este porro es una bomba de tiempo- tosió Amanda cubriéndose la boca mientras sorbía un poco de cerveza. 
- Te aclare que solo consumo de la buena- Diego se aclaro la garganta. 

Comencé a reírme. Estaba tentada. No sabia si me reía de la ironía de la situación, por darme cuenta de que estaba perdiendo la cabeza o porque se me veía mejor riendo que llorando. 

- Bueno parece que no hablas pero en el fondo la estas pasando genial dentro de tu mente- Diego rió a la par mía. Eso ya no me causaba gracia.

Se dirigió al baño.

- ¿Estas bien?- Me pregunto Amanda preocupada. 
- Si, estoy bastante colgada, nada mas- era en parte cierto. 
- Te ves encantadora en tu colgada y fumada versión. 

Me beso en los labios y deslizo sus dedos entre mi cabello. Quería mas de eso. Me acerque para besarla nuevamente pero me aparto.

- No quiero que nos vea tu amigo, me da vergüenza.
- ¿Porque?- Lucia confundida.
- No lo conozco, no se que pueda pensar de mi. No tengo confianza como para estarme besando en su departamento. 
- Perdón...
- No me pidas perdón, tontita- me regalo un piquito rápido- cuando regresemos a tu casa vamos a tener todo el tiempo del mundo para hacer esto. 

Eso me dio la suficiente motivación como para cambiar mi mueca fantasmal a una mas alegre. Justo en el instante en que Diego salio del baño. 

- ¿Esta pasando algo interesante por acá?, ¿De que me perdí? Continúen besándose si es lo que estaban haciendo. 

La cara de Amanda se torno en un color rojo vivo, pude percatarme de ello pese a la poca luz que se reflejaba. Quería asesinar a Diego. 

Nadie dijo nada. Ahora interpretábamos con gracia el papel de mimos.

- ¿El baño esta por allá?- Amanda señalo el corto pero oscuro pasillo.
- Exacto- contestamos Diego y yo alunisono. 
- Vaya, que sincronizados- Rió ella.  

Cuando Amanda entro al baño Diego me observo sonriendo y alzo los pulgares en alto a modo de aprobación. Le devolví una mirada furiosa. ¿De donde había salido? De seguro se recibió en la universidad de imbéciles con honores. 

Saque una tercera cerveza del freezer en el preciso momento en que escuchaba como Amanda interrogaba a Diego sobre si tenia novia. 

- No, ¿Porque la pregunta?- Cuestiono sorprendido. 
- Pude notar que hay dos cepillos de dientes en el baño, solo me genero curiosidad. 

Senti mi corazon detenerse. ¿Que sucedería si bajo los efectos en que se encontraba  Diego se le aflojaba la lengua y le nombraba algún detalle de nuestra intimidad a Amanda?, ¡Seria mi fin!

Irrumpí en la escena medio tambaleándome a ambos lados. 

- Diego estaba saliendo con una chica hace un tiempo, pero resulto que era una estúpida- Acote queriendo aparentar firmeza. 
- A mi no me parecía una estúpida
- Si, era una estúpida- Respalde. 
- ¿La conocías?- ahora Amanda se dirigía a mi. 

Pensé un segundo en la versión ficticia que montaría en instantes. 

- La vi un par de veces. No parecía mala mina, pero tenia ideas erradas. 
- Lo que pasa es que era un poco histérica- agrego Diego.

¿Alguien podía callar a este chico y dejarme elaborar mi mentira en paz?

- No era tan histérica, vos eras el histérico y la volviste lo suficientemente loca como para generarle esas ideas erradas. 
- Yo nunca demostré algo  que no era y ella se convenció de que podía cambiarme. Si se convirtió en una estúpida por eso, entonces si, era una estúpida. 
- Vos fuiste un estúpido, siempre con ese razonamiento frió y calculador queriéndote sacar todos los pesos de encima- eleve la voz y camine hacia el cuarto de baño. Tome el cepillo de dientes y lo arroje a la basura.

Amanda me miro atónita y caí en lo que había hecho. Me veía ridícula. 

- Flor, se que ve que no te caía muy bien esa chica. O no se, te estas contradiciendo mucho... ¿Pero no crees que era decisión  de tu amigo botar ese cepillo?

Volví a quedarme muda y Diego decidió salvarme la vida. 

- Dije que lo iba a arrojar a la basura el otro día y me olvide. Flor lo sabia, así que tenia todo el permiso del mundo de tirarlo por mi. 

Le agradecí en silencio al imbécil. 

Pasamos de tema rápidamente, yo rogando porque esto fuera olvidado al despertar en la mañana. 

Transcurrieron poco mas de dos horas y varios tragos de Whiscola después yo no podía mas. No quería tener nada que ver con una sola gota mas de alcohol u otra pitada de porro. 

En un momento Diego entro al baño y al salir se dirigió a su habitación. Pasaron varios minutos. 

- ¿Tu amigo se encontrara bien?
- Es medio marmota, lo voy a matar si se fue a dormir sin avisar.
- Hago pis y nos vamos, ¿Dale? Ya estoy cansada y tengo algo de sueño- Bostezo- ademas todavía tengo algo pendiente con vos- me miro somnolienta pero sin dejar de lucir atractiva. 

Ni bien cerro la puerta del baño me metí de lleno al dormitorio de Diego. Estaba tirado en la cama como una bolsa de papas. Me tumbe a un costado.

- Che, ¿Estas bien, Die?

Nada. Lo zamarree un poco. 

- mmh... vayan si quieren... no doy mas.

Sin poder evitar mi impulso de idiotez lo cobije entre las sabanas, lo abrace y bese su cuello para soltarlo enseguida. 

- Te quiero- Susurre. 

No me escucho, sus ronquidos ya opacaban cualquier otro sonido. Hubiera estado bien que opacara también mis pensamientos, a esta altura me consideraba una bipolar en potencia. Maldito imbécil, realmente lo quería. 

Salí de la habitación justo para toparme con Amanda.

- ¿Y?
- Como lo sospeche, decidió olvidarse de sus visitas y echarse a dormir- Suspire. 
- Vos si que te buscas amigos especiales, Flor. 

Pedí un remis mientras Amanda despejaba la mesa.

- No tenes porque limpiar nada- La frene. 
- Solo voy a dejar los envases vacíos a un lado, no me cuesta nada. 

La deje ser. Del otro lado del teléfono me informaron que ya estaba saliendo un coche y que me mantuviera pendiente del timbre. 

- ¿No vamos a despertar a tu amigo para que nos abra la puerta?
- Tengo las llaves del departamento en mi llavero- me fregué los ojos con la manga de mi saco.
- ¿Porque tenes las llaves?- Se quedo observándome dubitativa.

Me di cuenta de que había dicho algo innecesario. 

- Eemh... nos conocemos hace mucho y tenemos la suficiente confianza como para que me diera una copia. 
- De acuerdo, me parece razonable- no se detuvo a analizar las fallas en mi versión y agradecí por ello. No me apetecía dar mas explicaciones. 




El viaje en dirección a mi casa fue deprisa. No hablamos, estábamos demasiado ensimismadas observando las brillantes estrellas que iluminaban el cielo. Era una obra digna de admirar. Casi tanto como el reflejo de la luna bañando con su tenue luz a Amanda, haciéndola lucir esplendida.

Una vez dentro de mi hogar ella se dirigió a mi habitación.

- ¿Te preparo un café?, ¿Algo de comer?- Ofrecí desde la cocina. 
- No, gracias. Lo único de lo que tengo ganas en este momento es de una cama calentita.

Amanda se encontraba en el borde de mi cama con el teléfono en la mano. 

- ¿Te molesta si hablo un momento con Alejandro? Me saturo de mensajes en las ultimas horas- Me miro como pidiéndome permiso. 

Si realmente hubiese dicho lo que pensaba claramente me habría negado. Pero no era quien para prohibirle algo tal como hablar con su novio...

- Adelante- dije recostándome entre sus piernas- haré silencio. 

Asintió y pude escuchar los tonos de espera hasta que del otro lado de la linea Alejandro cogió el celular. Me mantuve expectante. 

- ¿Donde estas?, ¿Porque no me atendiste el teléfono en todo el día?- Su novio sollozaba como un perro malherido- ¿Que te hice para merecer este trato?

No podía creérmelo. No sabia si reírme o tomármelo enserio. 

- ¿Estas llorando? Para, Ale, no es para tanto- Intento calmarlo. 
- ¿Tan basura fui con vos para que te estés alejando de mi vida así?, ¡¿Tan basura!?
- ¿De que hablas? No, vos sabes que yo nunca pensaría una cosa así de vos. Estas exagerando todo. 
- ¿Me estas engañando, Amanda?, ¿Es eso? Podemos arreglarlo, no me importa, vos sos lo único que me interesa en la vida- Su alarido iba en aumento. 

Sentí una punzada de remordimiento.

- Vos y yo no estamos bien, nuestra relación no esta funcionando y a mi se me esta tornando difícil con tus escenas de llanto cada vez que quiero planteártelo en persona. No se como manejar la situación con vos comiéndote los mocos- Procuro sonar calma- ya es difícil de por si.

Palabras inentendibles mezcladas con largos sollozos y algo parecido a "Pero yo te amo" repetido alrededor de cinco veces. 

- Frena, respira.  Tomate un momento para inhalar algo de oxigeno y acomoda bien las oraciones, porque así claramente no te entiendo- Amanda parecía estar perdiendo la paciencia.

 Le acaricie la pierna intentando brindarle calma mientras ella se dedico a juguetear con mi cabello. Supongo que me brindo mas paz a mi que yo a ella, porque me sentí confortada. 

- Voy para tu casa- Sentencio Alejandro.

Me incorpore rápidamente cruzando mis ojos con los de Amanda como implorándole que no se fuera. 

- No estoy en casa, así que no me vas a encontrar- Me acaricio desde la mejilla hasta mi antebrazo. Volví a entrar en estado de relax y retome mi posición inicial entre sus piernas. 
- Por favor- repitió en ruego cinco veces- te necesito, tengo que verte ahora, me estoy cayendo a pedazos. 
- Necesito que te adaptes a la idea de que no voy a estar para cumplir todos tus caprichos. Me queres, no me necesitas. 
- ¡Te necesito! No me podes hacer esto. Decime donde estas que te paso a buscar, ¡Te estoy pidiendo por favor, mi amor!
- No importa donde estoy, preciso que te calmes y aclares las cosas en tu cabeza en frió.
- ¡No!, ¿Estas con esa puta, verdad?, Desde que la volviste a ver que estamos así, ¡Seguro te quiere alejar de mi!
- ¿Te das cuenta de que intentas mentirte a vos mismo? Esto ya venia desde antes, Florencia no tiene nada que ver. 
- ¡Mentira, quiere hacerme a un lado para quedarse con vos!, ¡Es una lesbiana de mierda!

Comenzaron a intercambiar insultos elevando el tono de voz. Desee tener un control remoto universal y pausar el mundo. 

Me arrastre hasta el centro de la cama, me deshice de mis prendas quedando únicamente en ropa interior, levante las sabanas y me tape hasta la cabeza al mismo tiempo que me arqueaba como un bicho bolita. Quizás el típico método efectivo de protección ante monstruos malvados cobijandote entre mantas también podía funcionar contra parejas en crisis queriéndome meter en el medio de su discusión. ¿Me había convertido en una destructora del amor ajeno? Quizás el verdadero monstruo era yo misma. 

La observe con su rostro rojo plagado de furia, con su vocablo perdiendo los estribos y gesticulando con las manos en el aire creando formas invisibles, queriendo interpretar una obra de un solo espectador. Hasta en ese estado de locura y enojo se veía adorable, era única para mi. Contemple cada detalle de su desenvolvimiento en escena pero mucho antes de que esta obra cerrara su telón, la única participante del publico se quedo dormida. No podía pausar el mundo, pero podía pausar mi mente entre sueños. 

10
Un leve cosquilleo me hizo entreabrir los ojos. Todo estaba muy oscuro y yo todavía permanecía lo suficientemente adormecida como para lograr captar algo de la realidad que me rodeaba. 
 Advertí el rozar de unos dedos recorriendo mis muslos externamente realizando movimientos circulares. Solté un gemido, buscando expresar que iba despertando poco a poco. 
 Lentamente y con falso disimulo Amanda comenzó a deslizar hacia abajo mi tanga. 
 Separe levemente las piernas y permití que con su mano curiosa se adentrara en busca de mi sexo. Podía sentir como un calor excitante se apoderaba de mi cuerpo con cada pequeño roce. 
 Con la yema de sus dedos acaricio mi clítoris. Suspire agradecida ¿Acaso seguía soñando? Si así era no quería despertar nunca. 
 Como pude y procurando hacer el menor movimiento posible gire mi rostro para encontrarme con el suyo. Sus labios estaban esperándome, deseosos. Fresas, calor y humedad. Una humedad que comenzaba a recorrer mi bajo vientre. 
 Me desplace sobre ella bruscamente. La bese con pasión recorriendo rotativamente con mi boca y mi lengua sus labios, su cuello, sus hombros. Me deslice con pericia sobre su pecho y le quite el brasier dejando ante mi mirada maravillada la perfecta visión de unos pezones rosados ansiosos por  ser succionados. 
 Me considere una mujer afortunada, estaba viviendo en carne propia el mejor suceso erótico que pudiese haber imaginado. 
 Estuve entretenida un largo rato entre esos pechos carnosos y bien formados mientras poco a poco deslizaba mi mano por debajo de su shortcito pijama. Anhelaba llegar al fondo del tesoro y descubrir todos sus secretos. 

- Espera...- dijo Amanda contrayendo las piernas y retirando mi mano con ímpetu. 

La observe confundida sin emitir palabra, tenia el corazón acelerado y juraba que se podían escuchar mis latidos resonando en la habitación. 

- No estoy lista aun... - me miro buscando comprensión en mis ojos.

Fui cayendo lentamente como si me hubiesen arrojado un balde de agua helada. 

- Quiero conectarme con vos- dije deseosa de proseguir. 
- Y yo también, pero necesito esperar un poquito mas. Quiero que sea perfecto. 

Me hice a un lado y me rodeo entre sus brazos. 

- Te prometo que cuando llegue el momento no te vas a arrepentir- Me dio varios besos entre mi boca y mi nariz. 

No estaba enojada, ni triste, ni siquiera contenta. Estaba excitada y buscaba entenderla y esperarla pero mi sexo me pedía a gritos algo de acción. 

De todas maneras no me quedo otro remedio que darle un ultimo beso antes de desear buenas noches.

- Voy a estar esperando para vivir ese sueño en vida- mis ojos destellaban en la oscuridad a causa de la lujuria- sos la mujer mas hermosa en la tierra. 
- Te equivocas.

Estuve a punto de replicar pero ella coloco su dedo indice en mis labios incitándome a que cerrara la boca. 

- Esa sos vos- Retiro el dedo y concluyo con un beso característico de novela romántica envolviendo mi estomago en mariposas alborotadas. 

No podía esperar nada mas, pese a mi humedad inconclusa y mi deseo carnal puesto en pausa, este momento era único e irrepetible. 





La mañana se desplegó ante mis ojos y quise espantarla con movimientos torpes, como si pudiera quitar al sol que asomaba por mi ventana con mis manos. 
 Mi torpe intento de echar al sol de mi habitación despertó a Amanda que me contemplo entredormida. 

- ¿Se puede saber que queres inventar?- Me instigo con la voz adormecida.
- Intento sacar al sol de la casa- respondí poco cuerda. 

Se hecho a reír y se encimo hacia mi. 

- ¿Para que crearon las cortinas y persianas entonces? Alguien lo pensó antes que tu. 
- Tonterías, ya controlare el clima con mis super poderes- Me erguí en la cama. 
- ¿Todavía seguís bajo los efectos de lo que fumamos anoche?
- No, lo mio ya es locura natural. Basta con inhalar este oxigeno contaminado de ciudad para que te se te de vuelta la cabeza. 

Nos cambiamos y decidimos ir a desayunar por algún bar cercano decidiéndonos por uno ambientado al estilo ochentoso. Ella pidió un tostado de jamón y queso y yo un crepe con fruta. Compartimos un Milkshake arrimándonos como una pareja. 

Panza llena, corazón contento. Nuestro día continuo paseando por los lagos de Palermo, mezclándonos entre la gente, alimentando a los patos entre risas y besos ajenos a todo lo demás. 

Nos encontrábamos escuchando a un artista callejero haciendo sonar una balada de Arjona con su guitarra cuando Amanda me pidió disculpas y saco su celular del bolsillo que emitía un vibrar chirriante. 

- ¿Que queres ahora?- Amanda daba pequeños golpecitos al suelo con la suela de su zapatilla. 

Me coloque cerca de ella para poder oír la conversación. Pareció no molestarle mi descaro. 

- ¿Podemos vernos? Me estoy muriendo, estuve comiéndome las paredes durante todo el día. 
- No estoy segura de que sea la mejor idea, Ale. 
- Fui a tu casa hace un rato y tu hermano me dijo que anoche te fuiste a lo de Florencia, ¿Estas ahí con ella? 
- Eso no es de tu incumbencia, deja de intentar controlarme- sonaba molesta. 
- Voy a volver a tu casa y no me voy a mover de ahí hasta que regreses.
- No seas patético, ¿Queres?
- Parece que es la única forma en que puedo llegar a ubicarte, algún día vas a tener que volver a tu casa. 

Amanda titubeo unos segundos. 

- Esta bien, en una hora estoy por allá. Pero no lo hago por vos, lo hago porque vas a acabar desquiciando a mi hermano si te plantas como un potus en mi puerta. 
- Gracias, gracias, gracias, te am...

Amanda colgó. 

- ¿Te vas a enojar?- Tomo mi rostro entre sus cálidas manos. 
- Es tu novio... y yo solo soy tu amiga, no tengo nada que decir- Dije resignada agachando la cabeza.
- Sos un ángel- me beso en la frente y tomo mi mano- Vamos, te dejo en tu casa. 

Tomamos un taxi y en el camino retoco su maquillaje haciendo malabares con un pequeño espejito cosmético. Se aplico algo de mascara de pestañas y pinto sus labios de rojo. Volvió a guardar todo en su bolso y lo cerro en el preciso instante en que el coche estacionaba en mi vereda. 

- ¿Va a estar todo bien? Me preocupa que Alejandro te pueda hacer algo, esa desesperación con la que se expresa no me inspira confianza- Dije esto sin mirarla a los ojos. 
- No te preocupes, puede sonar como un desquiciado pero es el dolor fresco del momento. No puede afrontar que nuestra relación se esta quebrando en pedazos. 
- ¿Prometes escribirme cuando el mar este calmo?
- Lo prometo, hermosa.

Me dio un beso profundo envolviendo su lengua con la mía. El chófer estaba atónito y lucia cara de perverso pero a mi no me importaba y a ella mucho menos.  

Mientras me bajaba del auto comprobé que el labial rojo de Amanda se había corrido. Pensé en advertirle pero una idea cruzo como un rayo fugaz por mi cabeza. Tal vez era necesario que Alejandro supiera la verdad, en un detalle tan simple como un maquillaje corrido en unos labios besados con ímpetu. Quizás Amanda se percataría y se arreglaría la boca, o quizás el destino permitiría que no fuese así y finalmente las mentiras saldrían a la  luz, esa red de mentiras en la que yo también me veía envuelta. ¿Seria responsable del caos? Ya estaba asumiendo las responsabilidades y consecuencias de antemano. 




Cerré la puerta de entrada a mi casa, arroje mi campera junto a mi bolso en la mesa del comedor y me prepare un te con limón. 
 Me ponía de los nervios el hecho de imaginar a Amanda teniendo sexo reconciliativo con Alejandro, típico de parejas que vienen y van en el proceso antes en la inminente separación.

Apague la luz y me sumí en la oscuridad de mi hogar y mis ideas. Decidí llevar mi estupidez a otro nivel y envié un mensaje. 

Florencia Toscanini: ¿Pedimos comida china?
Diego Poza: Odio la comida china y el delivery, ¿Tenes idea de la condición en que se encuentra la cocina en esos lugares?
Florencia Toscanini: ¿Por favor?
Diego Poza: Te puedo ofrecer otra cosa, ¿Que queres comer?
Florencia Toscanini: Chow fan.
Diego Poza: Bueno, entonces venite y preparamos Chow Fan con nuestras propias manos en mi cocina higiénica y saludable. 
Florencia Toscanini: ¿Seguro?, ¿Harias eso por mi?
Diego Poza: No tardes, veni antes de que me arrepienta. 

Me duche, cambie de ropa y maquille olímpicamente en un lapso de 15 minutos. Decidí salir a la calle y tomar un taxi en vez de pedir un remis, de esa manera podía pasar por la panadería a comprar dos porciones de tiramisu para el postre. 

Llegue al departamento y entre sin avisar. Lo primero que pude oir fue agua corriendo en el baño.

- Flor, ¿Sos vos?- Se escucho desde la ducha. 
- No, el fantasma Benito- respondí irónicamente- ¿Cuantos gatos tienen la llave de tu departamento?
- Buen punto. Déjame pensar... uno solo, vos. 
- Tarado- refunfuñe en voz baja. 

Los ingredientes para el Chow fan se encontraban reposando sobre la mesada de la cocina. Arroz, zanahoria, cebolla de verdeo, huevos, salsa de soja. 

Diego salio del baño ya cambiado y botando una toalla mojada al cesto de la ropa sucia. 

- Que dedicado, dejaste todo preparado- dije señalando los productos apilados en la mesada. 
- Es que soy un amor
- Sos un amor cuando queres...
- Yo siempre soy un amor con vos solo que no podes apreciarlo porque pareciera que todo el tiempo estas buscando mas de mi. 

No supe que decir. Quizás era lo suficientemente caprichosa como para no valorar esos pequeños detalles. Pensé en que tipo de monstruo podía ser. Una bruja, claro. 

- Bueno, ¿Que estas esperando?- dijo haciendo un gesto con la cabeza en dirección a la cocina. 
- ¿A que me ayudes?
- Fue tu idea, yo te proporcione los ingredientes. Ahora ponete a cocinar. 

Era un amor a medias. 

- ¡Pero yo no tengo idea de como se prepara un Chow fan!- Replique. 
- ¿Y para que existe Internet?- Se tiro en el sillón tomando un Jockstick y encendiendo la Playstation. 

Supe que no haría ningún esfuerzo por moverse de allí y resignada cogí los ingredientes mientras que con la otra mano busque en mi celular la receta. Me puse en marcha queriendo lograr mi mayor debut interpretativo como chef de comida china. 

Una hora mas tarde, desenvuelta y finalizando mi logro había logrado un Chow fan en apariencia apetitoso. Tome algunas fotos para inmortalizar ese momento. 
 Lo serví en dos platos de porcelana fría y llego la hora de la verdad. 
 Diego se llevo un gran bocado a la boca y yo me mantuve expectante. 

- ¡Esta buenísimo, nena!

Decidí probar mi obra de arte también.

- Estupendo, ya puedo casarme- dije a medio tragar. 

Diego comenzó a toser atragantado y le di unas palmaditas en la espalda.

- Nunca dije que me casaría contigo- le lance una mirada asesina. 
- Que bueno, porque casi me matas del susto. Ya estaba evaluando la forma de escapar del país- Se burlo. 

Su comentario me dolió pero decidí dejarlo pasar de largo y soltar una risita falsa. 
Luego de cenar recogimos los trastes sucios y nos pusimos a luchar a muerte en el Mortal Kombat. Supongo que con esa pelea virtual desahogue mi odio hacia el comentario que me había herido momentos antes.

- ¿Lo lograste?- pregunto mientras me hacia una fatallity y le arrancaba la cabeza a mi personaje que chorreaba sangre a borbotones.  
- ¿Si logre que?- interrogue curiosa. 
- Si finalmente conseguiste tener sexo con tu amiguita. 

Me sentí ofendida ante tal cuestionamiento. 

- ¿Te importa?- soné agresiva. 
- Somos amigos, tengo derecho a saber, ¿No se supone que los amigos se cuentan las cosas?

Decidí por alguna estúpida razón ser brutalmente sincera. 

- No. Pero casi. 
- ¿Porque casi?- Dejo el Jockstick a un lado como esperando escuchar una gran historia. 
Suspire.
- Porque necesita tiempo
- ¿Tiempo para que?- Arqueo una ceja. 
- Tiempo, que se yo. Cosas de mujeres. 
- Perdedora- dijo burlonamente. 

Intente propinarle una patada pero sus reflejos fueron mas rápidos y detuvo mi pierna con su brazo. 

- Y lenta- Agrego. 
- Imbécil- tuve ganas de escupirle la cara. 

Me levante del sillón y fui a buscar las porciones de tiramisu.

- No te lo mereces- dije mientras se sentaba en la mesa y tomaba una cuchara. 
- Yo me merezco todo, nena. Y vos siempre estas ahí para dármelo.
- Porque en el fondo y por una razón inexplicable te quiero- Soné mas cursi de lo necesario.
- Y yo... te lo agradezco- Intento sonar chistoso. 

Termine por resignarme. 

- Hay algo que no te conté- Dijo en tono misterioso. 
-¿Que cosa?
- Tu novia me escribió por Facebook. 

Palidecí y ahora fui yo la que se atraganto con la comida. 

- ¿Que, como, cuando, donde?- Lo mire entre aterrada, nerviosa y neurótica. 
- Aah, es un secreto. 
-Un secreto mis ovarios, me estas diciendo ya mismo que te envió- Lo amenace agarrando mi cuchara firmemente.
- ¿O me vas a apuñalar con una cuchara? Que miedo, mira como tiemblo.
- ¿Como te encontró?
- La encandile con mis encantos a primera vista y tuvo que buscarme en tu lista de amigos.

 Este juego no me estaba haciendo ninguna gracia. 

- Seguro es otra de tus estúpidas bromas para sacarme de mis casillas- intente sonar segura pero me temblaba la voz. 
- ¿Tenes miedo de que te robe a tu chica?- Sonaba desafiante. 
- No se interesaría en vos- Quería mostrarme firme pero en mi cabeza se estaba colapsando todo el sistema. 
- ¿Que tanto apostas por eso?

Agarro su celular y ante mi mirada horrorizada me mostró fugazmente que efectivamente Amanda le había enviado un mensaje a su casilla de Facebook, pero sin dejarme ver su contenido. 

- ¡Dámelo, ya! - Grite perdiendo los estribos.
- Vas a tener que morirte de intriga- dijo guardando el teléfono en su bolsillo. 

Hice mi mayor esfuerzo tirándome sobre el e intentando sacárselo de la campera pero era por diez veces mas fuerte que yo. 

- ¿Que tengo que hacer para que me lo des?
- Nada, me encanta hacerte sufrir- me echo a un lado. 

No podía dejarlo así, aparte la poca dignidad que me quedaba y me puse de rodillas en el suelo.

- Por favor, ¿Vas a permitir que te ruegue como una estúpida?
- Si te tomaras las cosas con calma como siempre te digo no actuarias como una estúpida. 
- ¿Me estas cargando? ¡Esto es demasiado! ¡No podes pretender que conserve la calma!- estaba casi al borde del llanto. 

Estaba a punto de volver a arrojarme sobre el para un segundo round de intentar tomar tu celular cuando me percate de algo. 
 Componiendome nuevamente y bajo la mirada expectante de Diego me dirigí a la computadora. Escribí en la barra de búsqueda el link de Facebook y efectivamente se abrió con la cuenta de Diego. Haciendo movimientos rápidos con el mouse logre abrir la conversación con Amanda antes de que pudiera detenerme. 

Amanda Cossio: Hola, ¿Es posible que haya quedado en tu casa un lápiz labial? Creo que me lo deje en tu baño cuando fui a humectarme los labios.
Diego Poza: Acabo de fijarme pero no vi nada. En todo caso si aparece te aviso.
Amanda Cossio: Te lo agradezco.
Dos horas mas tarde del primer mensaje se podía leer.
Amanda Cossio: Ya lo encontré, estaba en otro estuche. Soy algo torpe. Pero gracias.
Diego Poza: No hay problema. 

Era todo. Había perdido mi poca dignidad ante Diego por un estúpido mensaje de consulta por el olvido de un lapiz labial. Ahora si que me sentía una estúpida. 

- ¿Contenta?
- No sos mas idiota porque no hay mas horas en el día- En ese momento me pareció una buena idea apuñalarlo con la cuchara que reposaba en la mesa.
- Admití que tengo razón cuando te doy mi mejor consejo. Tomate las cosas con calma. 
- No tengo que admitir nada, pero entiendo tu punto. Siempre me imagino lo peor- el alma había regresado a mi abrumado cuerpo. 

Mi apetito había desaparecido así que guarde la porción de tiramisu que me quedaba en la heladera. 

- Me voy a dormir, estoy cansada- dije dirigiéndome a su habitación. 
- Ser una sufrida cansa, ¿A que si?- acoto maliciosamente. 

Ya no quería seguir discutiendo así que hice caso omiso a su comentario. 

Posterior a cepillarme los dientes con un nuevo cepillo que había  comprado de paso a la panadería, remover el delineador de mis ojos y colocarme un bóxer y una remera que tome sin pedir prestados del armario de Diego, me recosté en la cama, agotada. 

- Al fin- dijo soltando su celular y apagando la luz que emitía el velador de noche. 
- Cállate de una vez, ¿Queres?- recite mecánicamente buscando la paz en el anhelado silencio. 
- ¿Porque mejor no me callas vos?- se acerco a mi colocando su rostro frente al mio.

Quería matarlo. Y no dude en expresarle mi deseo asesino.

- Te voy a matar, nene. 
- ¿Entonces porque no nos matamos en la cama mejor?- cada vez estaba mas cerca de mis labios. 
- No te lo mereces. 
- Yo me merezco todo, nena. Acordate- me beso. 

Era esa soberbia que tanto odiaba y amaba. ¿Amarla? No se realmente si el termino estaba siendo correctamente utilizado, pero que me volvía loca, me volvía loca. 

Las remeras, pantalones y boxers salieron despedidos por los aires rápidamente victimas de una pasión que ya no tenia frenos. El sexo para mi era ese mágico e indescriptible momento en que todas mis ideas y planteos acerca de lo correcto o incorrecto se esfumaban por un rato para dar lugar al placer. Un placer desmedido que bloqueaba cualquier abertura de pensamiento en mi cabeza. Lo necesitaba como un animal hambriento frente a carne fresca. Salvaje, irrefrenable.

Con maestría Diego me coloco en cuatro patas y me propino una nalgada con toda la fuerza de su mano abierta. El dolor me provoco excitación. Adoraba esos limites indefinidos.

- Como me pone esta cola, mira lo que provocas- dijo con voz ronca blandiendo su pene erecto como un caballero agitando su espada, victorioso. 

Me lleve mi propia mano a mi sexo y comprobé que mis fluidos vaginales recorrían mi entrepierna. 

- Quiero que me penetres bien duro, Diego- era lo único que me importaba en ese momento, sentir cada centímetro de su miembro introduciéndose en mi intimidad, rompiendo todos mis esquemas...

Apoyo su mano en la entrada de mi vagina y sin dudarlo metió tres dedos girándolos con violencia. Solté un fuerte gemido y Diego me tapo la boca con su otra mano. 

- Yo se que sos una perrita en celo, pero necesitas aullar mas despacio, no queremos que los vecinos vengan a interrumpirnos por alterar su paz- dijo mientras yo chupaba con vehemencia sus dedos. 

Retiro los dedos de mi chorreante vagina y me tumbo boca abajo sobre la cama. Rogaba en silencio conteniendo secamente los gemidos mientras esperaba que me enterrara su venosa verga entre las piernas. Y el momento llego haciéndome contorsionar arqueando la espalda. Me inmovilizo colocando todo su peso sobre mi y moviéndose a un ritmo compacto. 
 Con algo de esfuerzo deslizo su brazo bajo mi vientre estirando sus dedos intentando tantear mi clítoris. Lo oprimió haciendo movimientos leves. El placer me estaba desbordando y mis gemidos iban en aumento, me mordí el labio intentando contener la culminación de mi gozo. 
 Con cada embestida sentía abandonar lo poco que me quedaba de cordura. Era tal el deleite y la satisfacción que me provocaba el roce de su glande cuando salia de dentro de mi para volver a entrar arremetiendo con mis paredes vaginales que lo estrechaban deseosos de mantenerlo en su interior que no pude soportarlo mas, estaba eufórica y la calentura invadía cada rincón de mi cuerpo y de mi mente. 
 Diego comenzó a acelerar su ritmo mientras yo apretaba con firmeza la almohada ahogando mis gritos en ella. Empujo su pene con fuerza y sentí un estallido  turbulento de emociones encontradas. Todo mi ser vibro bajo su cuerpo y cerré fuerte los ojos, como si me encontrara en una atracción vertiginosa desatando mi adrenalina al cien por ciento. Convulsione dejando que todos mis problemas, cada uno de mis pesares y pequeñas porciones de mis ideas retorcidas se perdieran y dejasen fluir en ese increíble orgasmo. 
 Rápidamente y sin perder un segundo Diego retiro su miembro dejando que mis fluidos mancharan parte de las sabanas y como una lluvia pegajosa y blancuzca eyaculo sobre mis nalgas. 

Se tumbo a un lado, exhausto. Yo me quede boca abajo procesando lo maravillosa que me había resultado toda esta experiencia. 
 Poco a poco fui recuperando el aliento y regresando a la maldita realidad pero aun conservando una sensación dulzona recorriendo mi piel. 

Cuando me sentí lista para afrontar mi existencia real y no ese mundo perfecto en el que me creía estar viviendo como una reina gobernante de un lugar extraordinario; me puse en pie torpemente y me dirigí directo a la ducha. 

Enjuague mi felicidad, fregué mis sonrisas y frote mi ultimo resquicio de alegría. Mi orgasmo se había ido y mi mente volvía a funcionar con naturalidad, con sus problemas, inseguridades y preocupaciones. Quizás al final del arcoiris no había una olla de oro, tan solo una pared gris y oscura esperando del otro lado, aguardando a que te estrelles contra ella y te quiebres en mil pedazos. 

Eso era yo, un cristal que se iba resquebrajando con cada decepción y que se había encontrado con el final del arcoiris... 





11

El sonido de la aspiradora me sobresalto despertándome de mi sueño reparador y me hice un bollo entre las sabanas. 

- ¿Que hora es?- pregunte entredormida esperando a que fuese lo suficientemente temprano como para reprocharle a Diego por sacarme de mis sueños. 
- Las once de la mañana, así que levántate y ayúdame a limpiar el departamento- dijo haciendo a un lado las mantas que me envolvían dejándome al descubierto.

Quise estirar el brazo para volver a taparme pero se encontraban lejos de mi alcance

- Siempre buscando nuevas oportunidades para ser mas odioso de lo normal, ¿No?- Solté un intenso bostezo.
- Es bueno que me conozcas. Mejor malo conocido que bueno por conocer. 

Me acomode el cabello que me cubría parcialmente el rostro y tome uno minutos antes de ponerme en marcha.
Con resignación y una pesadez que me invadía todo el cuerpo me vestí como pude y me dirigí a la cocina. Abrí la canilla en modo caliente y comencé a fregar platos mecánicamente, la tibieza del agua me fue despabilando con cada traste sucio que iba pasando a limpio.

Cuando concluí mi labor y guarde en su lugar cada uno de los utensilios de cocina, me senté en el sillón del comedor cruzándome de piernas mientras Diego juntaba polvo con una pala. En ese momento me percate de una maceta con orquídeas rojas que reposaba sobre la mesa. 

- ¿Y eso de donde salio?- pregunte señalando la planta. 
- Vino mi papa y decidió traerme un nuevo adorno- Dijo con desinterés mientras cogía una escoba y me hacia señas para que levantara los pies del suelo. 
- ¿Cuando?
- Hace dos horas, ¿Porque?
- Pensé que podría ser buena idea conocer a tu padre... claro, como amiga. - Aclare antes de que cundiese el pánico. 
- El te conoció. Te vio en estado morza con la boca abierta chorreando la almohada de saliva mientras dormías. 

Mi rostro se torno del color de las orquídeas. 

- ¡Podrías haberme avisado que venia tu padre al menos! Si no querías presentármelo podía considerar la opción de irme temprano para mi casa, no me hace gracia que viera a una mujer desconocida para el durmiendo en tu cama. Que vergüenza, ¿Que habrá pensado de mi?- Replique indignada. 
- ¿Porque te haces tanto problema? Ni siquiera sabe quien sos. 
- Por eso mismo. 

Odiaba que se tomara las cosas tan a la ligera. 

- ¿Terminaste tu discurso innecesario?- Concluyo.

Me resigne una vez mas. 

- Si. 

Encendí el televisor y me dispuse a hacer zapping. Diego había terminado de hacer el resto de las tareas domesticas. 

- Apaga eso, vamos a salir de  compras- dijo quitándome el control remoto de las manos. 
- ¿Que necesitas? Pensé que habías hecho todas las compras de este mes- Recordé nuestro paseo por el supermercado. 
- No es eso, quiero ir a una casa de decoración, necesito un cuadro que combine con el florero nuevo.
- ¿No seras gay vos? Siempre tan meticuloso con los detalles. 
- Si vos no sabes quien sabe- Hizo un gesto obsceno.
- Imbécil, como de costumbre- Le lance un manotazo que esquivo sin mayor esfuerzo. 
- Agresiva,  como de costumbre- Me propino un golpecito en la cabeza y lo mire con enojo evidente.




Una vez en la tienda recorrimos los distintos sectores. Había cuadros de todo tipo, personalmente me gustaban los paisajes, mientras que Diego buscaba algo mas abstracto. Yo no le encontraba sentido a esas manchas echadas al lienzo al azar y vendidas por el triple de lo que habría costado hacerlas, pero supuse que gustos eran gustos. 
 Me detuve a contemplar una fila de cuadros con personajes de distintas películas, cómics y series.

- ¡Mira, Die!, ¡Me encanta este con el protagonista de la serie que mirábamos antes!- exclame sonriente.
- ¿Cual?
- La del tipo que cocinaba metanfetamina

Me percate de que había dicho eso en tono elevado y Diego me lanzo una mirada imperiosa. 

- Mejor sigamos, ¿Queres?

Asentí con la cabeza y camine a la par suya en silencio. 

Después de una hora de indecisiones acabo por elegir un cuadro con lineas rojas entrecruzadas con otras anaranjadas. Yo aborrecía el color naranja casi tanto como ese tipo de arte que consideraba tan vació e inexpresivo.

Aguardamos al final de la fila esperando nuestro turno para llegar a la caja y abonar la nueva pintura que decoraría el comedor. Eramos los últimos. 
 Cuando al fin llegamos adelante de todo Diego especifico que pagaría en efectivo y le dieron la suma total  del pago. Entrego el dinero a la cajera y nos dispusimos a salir de la tienda cuando escuche a alguien que me llamaba por mi nombre.
 Reconocí esa voz y me frene en seco, mientras Diego se volteaba a mirar con quien se suponía que me había encontrado. 

Un hombre de  cabello oscuro con apenas algunas canas, vestido con un abultado pullover blanco, unos jeans desgastados  y unos anteojos con leve aumento colgando de su cuello esperaba que lo saludase.

- Hola, papa- manifesté nerviosa.
- ¿Que haces acá, hija?
- Venia a acompañar a un amigo que buscaba un adorno para su departamento- titubee queriendo señalar a Diego. Pero ya no estaba. 
- Parece que tenia prisa... 

Me sentí avergonzada. 

- Si, es que dejo el auto mal estacionado- mentí. 
- ¿Vas a venir a visitarme pronto? Hace rato que no te veo
- Estuve a full con el trabajo, por eso me mantuve bastante incomunicada últimamente- volví a mentir descaradamente. 
- Ya veo, espero que tengas algo de tiempo de hacer una llamada de vez en cuando- me dedico una sonrisa pero sus ojos denotaban tristeza, tal vez nostalgia.
- Te lo prometo, papa. Te quiero- me acerque y le di un beso en la mejilla- me mantendré en contacto.
- Yo también te quiero, cuídate mucho- se despidió agitando la mano mientras me veía salir por la puerta de aquella casa de decoración. 

En ese momento sentí que a veces le daba demasiado importancia a las personas incorrectas, aunque sin embargo se me hacia prácticamente imposible dejar de hacerlo. Siempre queremos lo que no podemos tener y dejamos de darle importancia a lo que realmente deberíamos valorar. Luego siempre es tarde y en la vida no hay lugar para los arrepentimientos. 

El viento de la calle me golpeo en la cara agitando mis cabellos. Busque a Diego con la mirada y lo halle a unos metros de distancia, parado junto a  un poste de luz. 
 Me le acerque furiosa. 

- ¿Se puede saber porque huiste de esa manera?
- No empieces- Dijo queriendo ignorarme.
- Exijo una explicación. 
- No tenes derecho a exigirme nada.
- ¿Podes no ponerte en pelotudo?- Comenzaba a hervirme la cabeza. 
- Tengo miedo de vos, no se con que situación nueva me podes salir. Capaz se te ocurría presentarme como tu novio o algo así y me iba a tener que bancar un momento de mierda.
- ¿Me crees capaz?- Efectivamente no podía creer lo que escuchaba. 
- Sos media rara. 
- Yo lo que creo es que estas buscando excusas baratas porque te da miedo la idea de compromiso, aunque de todas maneras lo ultimo que haría en la vida seria presentarte como novio- Aclare los tantos. 
- Entonces me disculpo. 
- No estas siendo sincero. 
- Ya te pedí perdón, no se que mas queres. Siempre queriéndole encontrar la quinta pata al gato- Comenzó a caminar. 

Este chico era imposible y decidí que discutir era en vano, jamas iba a llegar a nada. 

Sin haberlo programado, esperado ni deseado habíamos conocido a nuestros respectivos padres en el mismo día y en ambos casos resulto un fracaso. Tal vez debía aferrarme de las señales, el mismísimo destino quería arrancarme la venda  que con tanto ímpetu me esforzaba en mantener cubriendo mis ojos, pero yo todavía no me sentía lista para permitirme ver la luz de la verdad y presenciar la oscuridad que rodeaba mi realidad. No, todavía no. Ojos que no ven, corazón que no siente, dice un dicho a ciencia cierta. No siempre estamos dispuestos a sincerarnos con nuestras emociones.




Regrese al departamento guiada por Diego y pasamos alrededor de una hora y media, montando y desmotando, decidiendo la ubicación ideal de donde se encontraría el cuadro. Finalmente encimando la televisión pareció una buena idea. 
 Cocinamos pan de queso rellenos con muzzarrella y nos atiborramos de el una vez que estuvo listo . Prendimos la Playstation y nos desenvolvimos en un juego de carreras. Me reprocho el hecho de que yo ensimismada  y concentrada apretaba frenéticamente todos los botones del mando control sin ningún tipo de distinción, pero no tarde en refregarle en la cara mi victoria cuando finalmente estrelle su autito contra una banana gigante. 
Ese tipo de cosas podían ser sumamente básicas pero el nivel de importancia que yo le daba era como si estuviera viviendo la mejor película de la historia en carne propia.

A las ocho de la noche comenzaba un partido de fútbol. Diego apago la consola de juegos y puso el canal que sintonizaba aquel partido. Yo odiaba el fútbol, pero sabia que Diego no estaría dispuesto a dejar de verlo por mi, así que decidí ocupar mi tiempo entreteniéndome con mi teléfono celular. Tenia un mensaje de Amanda. 

Amanda Cossio: ¿Venís a mi casa? Quiero hablar con vos en persona. 
Florencia Toscanini: ¿Por algo en especifico?
Amanda Cossio: No hagas preguntas, ¿Podes venir?
Florencia Toscanini: Me intrigas... en un rato estoy ahí. 

Sentí una oleada de culpa recorrerme todo el cuerpo. Seguramente Amanda iba a botarme como un trapo sucio e inservible y era todo mi culpa. Había querido acelerar las cosas con ese beso en el que le corrí todo su maquillaje dejando al descubierto sus mentiras frente a Alejandro.  Debía ser eso. El teléfono vibraba a causa de mis manos temblorosas. Me considere una tonta, me había comportado como una egoísta y ahora tenia que pagar las consecuencias de mis actos. ¿Estaba lista para hacerme cargo de mis errores? Evidentemente no, pero estaba atrapada en un laberinto sin salida. 

El grito de Diego aclamando un gol del equipo de su preferencia me hizo saltar sobre la silla. 

- ¡¿Porque tanta efusividad, nene?!, te das cuenta de que del otro lado de la pantalla no pueden oírte, ¿Verdad?- exclame recomponiendome del susto que me genero su festejo exagerado. 

No me contesto, estaba demasiado ensimismado observando detenidamente a las pequeñas personitas que se abrazaban victoriosas luego de que su esfuerzo había dado frutos, a través de la pantalla de la tv. 
 Suspire y me tome un momento intentando pensar si no es que me convenía quedarme en el departamento en vez de ir a enfrentar mis miedos. Pero no podía huir, tenia que ser valiente, al fin y al cabo yo misma me lo había buscado. La hora de la verdad había llegado. 

- Voy a pedir un remis- dije mientras cogía el teléfono de linea ubicado en un rincón. 
- ¿Tanto te cuesta bancarte un rato que mire fútbol? Después te prometo que hacemos lo que quieras- contesto sin desviar los ojos de la pantalla. 
- No es eso, me voy a lo de Amanda, hay algo importante que parece que quiere decirme. 

Desvió su atención del partido y me clavo su mirara expectante, esperando a que dijese algo mas, pero no era mi intención dar ningún otro tipo de explicación. 
 Disque el numero en el teléfono y pedí el auto, tenia demora de diez minutos pero acepte de todas formas. Me senté en silencio al lado de Diego a la espera de irme. 
 Cuando finalmente el timbre sonó tome mis cosas que reposaban sobre el sillón y bese a "mi amigo" en la mejilla. 

- ¿Hoy vas a tener acción?- Me pregunto con tono perverso viéndome salir por la puerta.
- Lo dudo- dije esperando lo peor. 
- Que lastima- se giro y continuo con lo suyo. 



Durante el viaje a la casa de Amanda me plantee varias veces el pedirle al chófer desviar el trayecto y regresar a mi hogar, o a lo Diego, cualquiera de las dos opciones me parecía mejor que llegar hacia el inminente abismo. 

Finalmente me encontraba frente a frente con mis terrores mientras estiraba el brazo para hacer sonar el timbre. No tenia forma de retroceder, ni de salir corriendo y aunque hubiese querido hacerlo ya era tarde, la puerta comenzó a abrirse mientras una sensación gélida me oprimía la garganta. 
 Amanda me observo radiante y tomando mi mano sin previo aviso me hizo ingresar dentro de su hogar mientras yo me encontraba sumamente confundida. Cerré los ojos y procure mantener mi mente en blanco, decidí no hacer preguntas y dejar que todo fluya naturalmente, lo que tenia pasar, pasaría. 

Platicamos banalidades mientras colocaba sobre la cama las prendas nuevas que había adquirido durante la tarde, contándome que había estado de paseo por el shopping. Yo asentía con la cabeza como un robot y le daba mi opinión acerca de cuales eran de mi preferencia. 
 Me mostró en la computadora los últimos vídeos virales de Internet e intercambiamos opiniones y risas sobre ellos. Llamo mi atención una entrevista que le habían hecho a un jovencito de doce años al que parecía agradarle, expresando con extremo ímpetu, el arte. Poseía una voz peculiar. Lo observe desde el otro de la pantalla y pensé que debería haber mas niños como el interesados en la rama de lo artístico y la literatura, desenvolviéndose como lo hacia ese joven utilizando unos términos que me dejaban impresionada considerando su corta edad. 
 Continuamos viendo una serie de vídeos de Stand up grabados en vivo y algún que otro cortometraje, de esa manera el tiempo comenzó a correr con rapidez. 
 Yo pese a estar entretenida esperaba pacientemente el momento en que Amanda se sincerara conmigo sobre la verdadera razón por la que me había citado a su casa bajo la promesa de dialogar algo que se suponía era importante para ella. Aunque yo no estaba segura de querer enterarme de aquella incógnita que tanto me atormentaba, la intriga me carcomía las entrañas con el pasar de cada minuto, haciéndome retorcer de nervios. 

Amanda apago las luces, la computadora y nos recostamos en la cama cubriéndonos con las sabanas. Se arrimo hacia mi y me beso en los labios dulcemente. Cerré los ojos y me deje envolver en su ternura.
 Con mi teléfono continuamos recorriendo Internet viendo los recientes vídeos de una Youtuber que hacia referencia al ámbito LGTB. Cuando se nos terminaron las ideas acerca de la próxima búsqueda Amanda me pregunto si me apetecía ver alguna otra cosa en especial. Escribí en la barra de búsqueda la palabra "Porno" pero la borre al instante alegando que era una broma. Soltó una risita picara y me arrebato el celular de las manos.

- A mi me parece una buena idea- dijo mientras tecleaba un URL especifico. 

Intente mostrarme calma aunque la situación me ponía bastante incomoda. Me permití dejar que todo fluyese con naturalidad, procurando ocultar mi nerviosismo frente a Amanda. 

Había mas de quince categorías en la sección de preferencias. Sadomasoquismo, interracial, maduras, lesbicos, gays, orgías, tríos, entre otras que ya limaban lo bizarro. 
 Queriendo aparentar inocencia le pregunte con sutileza cual era de su preferencia y ella sin dubitar, devolviendome una sonrisa algo perversa, presiono con la yema de su dedo contra la pantalla táctil "lesbicos". 
 Fijamos toda nuestra atención en dos rubias exuberantes que gritaban a tal punto que parecía iban a terminar afónicas. 

- Este tipo de porno tan fingido me resulta demasiado vació, no me genera nada- dijo al tiempo que cerraba el vídeo y elegía uno mas amateur. 

La próxima escena se desenvolvía con dos chicas preparando una tarta de vainillas, totalmente desnudas a excepción de un guardapolvo de cocina muy cortito y ajustado. Comenzaban a perseguirse por los rincones de una mesa de mármol mientras se manchaban con crema batida. Luego, tentadas por la "dulzura" del momento y sus cuerpos listos para ser devorados, se volcaron en la acción.
 Ambas tenían un ligero vello color castaño que asomaba desde su pubis y su piel mostraba ciertas imperfecciones a la luz, como pocitos e incluso celulitis.  Aquello lejos de resultarme desagradable me generaba atracción. Lo natural también puede verse atractivo, lejos de los estereotipos sociales y retrógrados de hoy, donde un cuerpo perfecto es aquel que cayo bajo el pincel de un cirujano. 

Bajo las sabanas Amanda comenzaba a acariciar mi pierna con perspicacia mientras yo parecía jugar al juego de la estatua, dura, inmóvil. 
Manteníamos la vista fija en la pantalla mientras las protagonistas amateur iban poniéndose cada vez mas cachondas... y nosotras también. 
 Sus dedos cada vez se encontraban mas cerca de mi sexo y mi pulso comenzó a acelerarse notoriamente, revolucionando todo mi cuerpo. Busque sus labios girando mi cabeza a un lado y ella me correspondió. Continuamos besándonos suavemente hasta que pude sentir su mano a centímetros de mi pubis, entonces la frene en seco. 

- Pensé que querías esperar- la mire fijo a los ojos, que resplandecían de deseo. 
- Por eso estas acá- froto su nariz contra la mía. 

No capte la idea, hasta hace unos días me había pedido que tuviese paciencia, que lo bueno llegaría pronto, ¿Pero que tan pronto seria eso? Las brechas del tiempo no dejaban de sorprenderme.
Amanda dejo el celular a un lado y se coloco sobre mi. Yo me limitaba a observarla, sin siquiera mover un musculo, esperando expectante lo que fuese que pasaría, dejándome arrastrar por el oleaje del momento. Hasta las olas mas calmas arremeten con fuerza. 
 Tomo mis brazos y los coloco detrás de mi cabeza, mientras comenzaba a darme suaves lametones en el cuello. Solté un suspiro y cerré los ojos, las cálidas sensaciones comenzaban a inundarme poco a poco. 
 Continuo tomando mi remera y a deslizarla sobre mis brazos extendidos, yo solo la dejaba ser, perdiéndome en ese mar inquietante de emociones que me iba cubriendo hasta el cuello. 
 Me despojo de mi brasier y acaricio con dulzura mis pechos, a esta altura mis pezones se encontraban duros, para su deleite. 
 Antes de proseguir me dedico una mirada repleta de ternura y arrimándose a mi oído me dijo lo que tanto anhelaba escuchar. 

"Me separe de Ale"

Todo en mi mente se colapso. Sentí que nada me importaba, que todo era perfecto, que cada una de las cosas que anteriormente habían pasado por mi cabeza ya no tenían sentido. Mi confusión con Diego, mis sentimientos hacia el, mi porvenir dudoso con Amanda. Todo se estaba aclarando y eso me genero una alegría instantánea. A partir de ahora todo iba a estar bien. 

- ¿Eso era lo que querías decirme?- exclame sin acabar de creérmelo. 
- Ahora soy total y completamente libre. 

Nos compenetramos en un beso apasionado, mi cuerpo vibraba poseído por pequeños choques eléctricos provocados por la conmoción y el placer de saber que todo marchaba como en un cuento de hadas, mágico y con un final feliz. 
 La bese como jamas la había besado, con un frenesí que se desataba desde el fondo de mi corazón. La escena lejos de tornarse romántica tomo un vuelco salvaje. Nos despojamos de lo que quedaba de nuestras prendas con avidez y comprobé la hermosura de su cuerpo desnudo, extasiada. 
 Acaricie su rostro, su torso, su espalda, sus muslos, cada parte de su ser era infinitamente perfecto, y suave, tan suave. Y ella se encontraba al mismo tiempo con mi propio rostro, con mi propio torso, mi espalda, mis muslos y cada parte de mi ser, que quería entregarse completamente a ella, solo a ella. 
 Con delicadeza y lentitud deslice mi cabeza entre sus piernas encontrándome con su humedad, mientras iba abandonando mis besos, repartidos por lo extenso de su cuerpo. 
 Lamí suavemente su clítoris y me percate como se retorcía de deleite. Eso me motivo a aumentar mi ritmo, variando movimientos entre su botoncito de placer y los labios de su mojada vagina, que parecía  a cada instante instigarme a un poco mas. Introduci un dedo, luego dos, mientras mi lengua seguía saboreando su clítoris que parecía querer explotar en cada contacto. 
 Decidí que era hora de cambiar posiciones y me coloque encima de ella inversamente, dejando que su boca se encontrase con mi propia vulva y al mismo tiempo permitiéndome continuar con mi excitante labor. 
 Amanda introdujo su lengua en el interior de mi húmeda cavidad y solté un gemido, realizaba movimientos circulares con completa proeza y yo perdía la concentración en mi tarea, pero sin dejar de devorar cada uno de los deliciosos fluidos que salían de dentro de ella. 
 Nos mantuvimos así por un rato hasta que Amanda tomándome por la cintura me volteo hacia ella queriendo encontrar mi boca. Nos revolcamos por la cama tirando las sabanas al suelo mientras frotábamos nuestras pelvis con euforia. 
 Entreabriendo un poco las piernas logramos encajar perfectamente nuestros labios vaginales y comenzamos a frotarnos con fervor haciendo presión en nuestros respectivos clítoris. Era una sensación indescriptible que me rebalsaba de gozo. Tome con fuerza su cadera para poder acelerar el ritmo mientras ella gemía, música para mis oídos, y yo iba perdiendo la noción de la realidad. 
 Los muslos de Amanda se tensaron y pude sentir su explosión recorriendo la cara interna de mis piernas mientras soltaba un gritito ahogado. 
 Sin dejarla contener el aire me incorpore rápidamente sobre ella y volví a encajar mi pubis con el suyo, procurando que nuestros labios vaginales quedaran perfectamente alineados. Me frote efusivamente como si mi vida dependiese de ello y  fui experimentando un hormigueo que comenzaba desde mi nuca hasta llegar a la punta de mis pies. Tome impulso y acelere un vez mas el ritmo, sintiéndome victoriosa. Creí tocar el cielo con las manos mientras lo único que podía visualizar a mi alrededor eran estrellas. 

- ¡Sos increíble!- grite al mismo tiempo que dejaba fluir mi orgasmo y me permitía abandonar mi cuerpo sobre el de ella. 

Observo mi rostro, exhausto pero rebosando de alegría, y volvió a besarme en los labios.

- ¿Sabes cuantas veces en el ultimo año soñé con esto volviendo a suceder?- dijo en un extraordinario cruce de miradas, compatibilizandonos.
- Los sueños también se hacen realidad. 

Esa noche me dormí pensando en la realización de mis deseos, en todo por lo que había pasado y en lo que estaría por venir. Y una gran sonrisa se dibujo en mi rostro, una sonrisa que esperaba mantener por mucho tiempo. 




12

La mañana siguiente se desplegó ante mi, gloriosa. Escuchaba el cantar de los pájaros asomándose por la ventana y los rayos de sol inundando mi visión ya no eran una molestia para mi. Nada podía serlo. 
 Amanda se encontraba durmiendo plácidamente a mi lado y le acaricie el cabello suavemente, sin intención de despertarla. Sin embargo, fue abriendo sus ojos lentamente hasta encontrarse con los míos que la observaban dulcemente. 

- Buen día, princesa- dijo mientras acercaba su rostro al mio para besarme. 
- No podría ser un mejor día- conteste estrechándola entre mis brazos, el contacto con su piel tibia me hacia sentir viva.

Desayunamos y nos duchamos juntas, enjabonandonos mutuamente. Así mismo debía lucir el paraíso. 

Salimos a la calle y fue hora de decir adiós. Amanda tenia que ir a trabajar y como yo continuaba desempleada no me quedo mas que volver a mi casa. 
 Me costo dejarla ir, intente retardar su ida pero no había nada que yo pudiese hacer, solo quedarme con la certeza que ahora en mas las cosas marcharían maravillosamente. Y eso me brindaba mucha calma. 

- Nos vemos en la noche, salgo del local a las ocho y voy para tu casa, ¿Te parece?- dijo antes de que el taxi al que había subido acelerara para perderse entre el trafico. 
- Voy a estar esperando ansiosa a volverte a ver- la bese rápidamente y dedicándome una ultima sonrisa se perdió de mi vista. 




Una vez de regreso a mi hogar me dedique a hacer una limpieza extensa. Barrí y fregué cada rincón, procurando no dejar ni una mancha, ni un mínimo puñado de polvo. Mi casa debía lucir perfecta, mas ahora que las cosas en mi cabeza cobraban orden. 

¿Que podía ser mejor? Me sentía una doncella y mi princesa había venido en mi búsqueda a rescatarme,  a sacarme del vació en el que viví consumida en el ultimo tiempo. Llego para romper el hechizo que ataba mis cadenas y ahora podía desplegar mis alas de libertad, para transitar un camino junto a ella. 
 Tal vez el amor no tenia que ser doloroso, ni egoísta. Podíamos complementarnos para hacer de nuestra relación algo mas allá de los limites conocidos. Querernos sanamente, escucharnos, entendernos, brindarnos paz en los días de tormenta. Quería darle todo lo que estuviese a mi alcance e incluso mucho mas. 

Decidí salir de paseo por la ciudad, oxigenar mis pulmones, dejar que mi felicidad fluya entremezclándose entre la gente. 

Me sentía vivaz, con un animo que rebalsaba fronteras inimaginarias. Cada detalle aferrado a la cotidianidad frente a mis ojos se convertía en lo mas increíble jamas fantaseado. ¡El mundo tenia color! Colores de tonalidades cálidas que transformaban todo a su paso. La gente se veía feliz, los perros se veían felices y yo estaba extenuante de felicidad. ¿Alguna droga podría causar este efecto? Yo apostaba por lo natural, el amor, las sensaciones del momento que me invitaban a visitar las puertas del mismo cielo. No necesitaba ningún extra, nada mas que este amor redescubierto que sentía por Amanda podría devolverme esta alegría inquebrantable que se apoderaba de mi alma. Finalmente las cosas se posicionaban a mi favor y agradecía al mundo por ello.

Compre golosinas, desde chocolates, gomitas, alfajores hasta caramelos, galletitas y muffins. Todo listo para pasar una buena noche al lado de la persona que me brindaba el cariño que tanto necesitaba y que tanto quería retribuirle. 
 Aun era temprano así que regrese a casa a hacer uso de mi tiempo en Internet. Y de repente, en una emoción que me invadió sacudiendo mis ideas, me percate de que debía sincerarme con Diego. Finalmente podía separar ese limite que dividía nuestra amistad de esas sensaciones desencontradas que tenia hacia el. Ahora podía quererlo simplemente como un amigo. Quería decírselo, decirle que de una vez por todas iba a ser feliz con alguien mas y pedirle disculpas por no haber podido ver las cosas antes. El no era para mi, ni yo para el, y ese razonamiento que alguna vez me causo dolor ahora me llenaba de gozo, había encontrado mi verdadera otra mitad. 

Tome el teléfono y comencé a discar el numero. Sentí nervios pero me force a reprimirlos. 
 No mas mentiras, no mas confusión. Finalmente tenia las cosas claras, había batallado contra la oscuridad y conseguido la gloria. 

Me atendió en el primer tono. 

- Como estas?- dijo desde el otro lado de la linea mientras se escuchaba sonido como de papeleo. 
- ¿Estas ocupado?
- Me estoy por ir a entregar un pedido. En esta época del año todo el mundo se da cuenta que quiere marihuana y me hacen trabajar a full. 
- Tenes que tener cuidado con eso- Soné notoriamente preocupada. 
- La vida sin riesgos no es divertida. Ademas lo ilegal es el mejor negocio. 

Decidí ir al grano.

- Quiero hablar con vos, ¿Cuando puedo ir al departamento?
- Mira, no voy a tardar demasiado. Se libre de venir, ponete a jugar algún videojuego hasta que regrese.
- Perfecto. 

Colgué y me puse en marcha. 
 De entre todas las golosinas que compre para compartir junto a Amanda seleccione una barra de chocolate con leche. Iba a hacer las paces con Diego y quería mostrar mi mejor imagen de chica sensible. Dudaba que la noticia le generara alguna reacción negativa dado que conocía cada unas de sus frías conductas. Al fin y al cabo era lo que el quería, una lisa y llana amistad. 
 Todo seria igual, pasaríamos tiempo juntos, jugaríamos a la Playstation, cocinaríamos; la única novedad es que hasta aquí llegaba nuestra conducta sexual. 
 Una duda atravesó mi cabeza como una flecha veloz ¿Estaba lista para abandonar nuestro lazo sexual?, ¿Me sentía lo suficientemente capacitada para no generarme atracción una vez hallándonos a solas?
 Me reí para mis adentros. Por Amanda era capaz de dejarlo todo. 




Una vez que me encontré en el departamento deje hundir mi peso en el sillón.  Varias sensaciones recorrían mi cuerpo pero estaba en calma y tranquila bajo la influencia de saber que pronto todo terminaría bien. Solo podía pensar en un final feliz. 

Decidí poner música desde la computadora, una canción de Jamiroquai sonaba de fondo en mi cabeza envolviéndose con el resto de mis pensamientos. 
 El Facebook de Diego estaba abierto. Estuve a punto de cerrarlo pero decidí que no le haría un mal a nadie si revisaba sus ultimas conversaciones privadas. No era de mi incumbencia pero aun tenia intriga acerca de esa supuesta chica con la que se estaba viendo. 
 Mensajes con su ex novia, mensajes con amigos, mensajes con algunas chicas con aspecto de zorra... y mensajes con Amanda. Me detuve en seco. 

¿Habían estado hablando luego de esa conversación tonta que tanto me había afectado?, ¿Era correcto leer sus cosas?. Recapacite. ¿Tenia motivos para desconfiar de Amanda?

Dicen que la curiosidad mato al gato, pero este gato seguía manteniendo muchas incógnitas e inseguridades. 

La ventana de conversación se desplegó ante mis ojos y leí algunos fragmentos de lo que parecía ser una larga charla. Mire el horario de los mensajes, había sido hace media hora. 
 Hablaban de banalidades, en su mayoría discos de bandas y recitales. Pero hubo algo que me llamo la atención. 

Amanda Cossio: Te mande una solicitud de amistad y no me aceptaste, malo. 
Diego Poza: Lo que pasa es que justo estaba cocinando, ahora reviso y te agrego. 
Amanda Cossio: Pensé que capaz te consideras muy reservado. 
Diego Poza: No seas tonta, como no voy a querer tener a una chica linda como vos en mi lista de amigos. 

Mi corazón se detuvo. No, esto no podía ser real. Volví a releer ese fragmento, una y otra vez, pero seguía ahí sin ninguna modificación. 

¿Porque a Amanda le interesaba enviarle una solicitud? Podía recordar su negación cuando le propuse venir al departamento por primera vez y su "rechazo" ante desconocidos. La antisocial Amanda estaba manteniendo una charla fluida con mi Diego. La cabeza me hervía pero intente pensar en frió. 
 De acuerdo, cabía la posibilidad de que le cayera bien y quisiese agregarlo a Facebook, esto no tenia porque ser un drama ni darme razones para sentirme desconfiada. Al fin y al cabo yo siempre era demasiado extremista, ¿verdad?

Estuve a punto de seguir con mi lectura nerviosa cuando la puerta de entrada se abrió y Diego me encontró frente a la pantalla de su computador leyendo sus cosas. Me congele. 

- Se puede saber que estas haciendo, nena?- exclamo furioso acercándose hacia mi. 

Decidí mantener una postura impasible. 

- No es mi culpa que dejes tus cosas abiertas sabiendo lo curiosa que puedo llegar a ser... ademas, ¿Quien te crees que sos para decirle linda a Amanda?, ¡Sos un desubicado!

Me miro serio.

- No empieces, ¿queres? 

Explote. 

- ¡No tenes códigos, pendejo! Vos sabes que estoy con ella, ¿como le vas a tirar un comentario así?

Su mirada cambio y soltó una risita. 

- En primer lugar y si leíste bien, fue ella la que quiso agregarme a Facebook, saca tus propias conclusiones. 

Me encontré perdiendo la paciencia. Mis circuitos neuronales reventaban en cada segundo. 

- Siempre siendo un imbécil, le caíste bien y nada mas. Interpretas todo como queres y te mandas cualquiera. 
- Te apuesto lo que quieras a que si quiero la traigo al departamento. Son todas putas, ¿No te das cuenta? Y vos siempre tan ilusa. 

Quería darle una bofetada. 

- Sos un retrograda, ¿Te crees que Amanda seria capaz de venir?, ¡Apenas te conoce!

Me observo desafiante.

- ¿Porque no jugamos un juego? Ahora mismo, adelante tuyo. Dejemos fluir las cosas. Tu amiga ahora mismo esta en linea, ¿Porque no verificas con tus propios ojos que las cosas no son siempre color de rosa como te esforzas en creer?

No quería hacerlo. ¿Y si tenia razón? No, no podía tenerla. Me aferre a esa idea y decidí intentarlo. 

- Adelante- le cedí el asiento. 
- ¿Y yo que gano?
- ¿No te bastaría con hacerme sentir una pelotuda?- Mis ganas de golpearlo iban en aumento. 

Ante mis ojos parecía el peor villano de una película de terror y este villano quería ir por mas, sacar los mas aterradores fantasmas alojados dentro de mi y dispararme una vez muerta. 

- Quiero un trió. 

Lo mire atónita. 

-¿¡Que!?
- Si consigo que tu amiga acceda a venir sola al departamento significa que no sos importante para ella como vos crees y en ese caso ella tampoco debería ser importante para vos. Cae en la realidad de una vez, lo importante es divertirse. Yo te hago el favor de abrirte los ojos y vos me haces el favor de brindarme una buena experiencia. 

Realmente era el peor, no daba crédito a lo que escuchaban mis oídos. ¿Acaso no podía percibir el dolor que me causaba su indiferencia ante algo que era de suma importancia para mi?, ¿Tanto esfuerzo representaba mudarse a mi propia piel? A aspirar mi agonía, a sentir en cada poro el sufrimiento que me provocaba con cada puñalada de frialdad. 

- ¿Porque te tomas todo como un juego?- mis ojos lucían vidriosos.

Puso su mano en mi hombro. 

- Esto es un juego, Flor. La vida es un juego, tenes que aprender a controlar las piezas antes de que acabe la partida. Si te quedas estancada, perdes. 

Me mantuve en silencio por algunos minutos y Diego solo se limitaba a observarme esperando algún tipo de reacción. El tiempo se volvió de piedra y era hora de partirlo con una metralleta.

- Esta bien- Un escalofrió de resignación me congelo el alma.  
- Perfecto. 

Diego le envió un mensaje y Amanda respondió en cuestión de segundos. Iniciaron una nueva charla acerca de como iba el día en el local de su madre mientras el le contaba una anécdota de cuando trabajaba de supervisor en un Call Center. Yo estaba ansiosa por mas, desquiciandome dentro de mi mente y notaba como el se aprovechaba de eso alargando su conversación con tonterías. 
 Y de repente, la hora de la verdad extendiéndose frente a mi mirada incrédula. 

Diego Poza: ¿Cuando me vas a venir a visitar al departamento?
Amanda Cossio: Voy a arreglar con Florencia y seguro en estos días pasamos a verte. 
Diego Poza: La invitación fue para vos sola. 
Amanda Cossio: Eso es otra cosa, no creo que a Flor le agrade la idea. 

Por un momento me sentí aliviada. Pero Diego insistió asesinando mi paz como el cruel villano en el que se había convertido. 

Diego Poza: No tiene porque enterarse. 
Amanda Cossio: Lo se, pero no creo que sea una buena idea. 
Diego Poza: ¿De que tenes miedo? Te estoy invitando a venir a tomar algo, escuchamos música, fumamos. No pienses que te estoy ofreciendo nada raro. 
Amanda Cossio: Puede ser. Pero tiene que ser nuestro secreto, a Flor no le caería nada bien. 
Diego Poza: ¿Hoy podes?
Amanda Cossio: Mañana si queres. 
Diego Poza: Vas a ver que la vamos a pasar bien, nos entendemos. 

El mundo se desplomo sobre mi cabeza dejándome sumida en escombros. Quería gritar, quería llorar y romper todo a mi paso. Sin embargo permanecí inmóvil, inexpresiva. 

- Hecho. Un trato es un trato, Flor- Me tendió la mano. 

Se la estreche sin terminar de medir ni comprender lo que estaba pasando. El abismo se desplegaba bajo mis pies y yo estaba a punto de caer hasta el fondo. 




13

De regreso a mi casa no llore, no grite ni rompí nada. Me sentía como un fantasma, solo podía divagar en ideas inconclusas.
 Devore desganadamente el chocolate que había llevado para Diego y las golosinas que esperaba compartir con Amanda. No me interesaba si me agarraba un ataque al hígado o si me enfermaba de diabetes después de engullir tanta azúcar. Ya nada me importaba ni tenia sentido. 

Escribí y volqué mi dolor en palabras  escritas a mano. Eh aquí uno de mis textos:

"Condenada a ser yo misma. Esclava de mi propia forma de pensar, aislada por mis retorcidas emociones. Todo se resume en un vació, que me consume, que me enloquece, provocandome  necesidad y dependencia. 
 Te observo en la cercanía con ojos tristes. Toma mi mano, te lo suplico en silencio, no me dejes caer. Pero me resbalo poco a poco , inevitable. Y tu te limitas a mirarme, inmóvil. Mi final esta trazado, definido y nada puede frenarlo, ni siquiera tu que lo sabias desde hace mucho y sin embargo no te atreviste a mover un dedo para impedirlo, siempre manteniendote impasible. Imposible. El pozo esta oscuro, es hondo y estoy sola. Es aquí cuando las luces se apagan y el telón se cierra. La obra no amerita aplausos".

Y mi dolor, convertido en un bollo arrugado, se fue directo al tacho de basura junto a otros fragmentos garabateados en papel. 




El timbre hizo un ruido estrepitoso para mis oídos. Mire el reloj que marcaba las ocho y media de la noche. Amanda. 

Dude en abrir la puerta, pero lo hice. Su mirada y su sonrisa, esplendidas, aparecieron frente a mi. Pero en este mundo gris ya nada me parecía tan maravilloso. 
 Me abrazo y beso en los labios. Yo no mostraba emocion alguna en mi rostro. 

- ¿Estas bien?- Puso su mano en mi frente, preocupada- No tenes buena cara. 
-Estoy enferma- fue lo único que atine a decir. 
Me miro de arriba abajo.
- ¿Te preparo una sopa? Anda a acostarte que yo te atiendo. 

Me tire en la cama, abandonándome por completo. 

Al cabo de un rato Amanda apareció con un plato de sopa caliente cargado en una bandeja. 

- No tengo hambre, creo que voy a dormir- me cubrí hasta el cuello con la manta. 
- ¿Te paso algo?- dejo la bandeja en el piso y se recostó a mi lado. 
- No. Siento mucho agotamiento, es todo. 
- ¿Que hiciste hoy?, ¿Saliste desabrigada a algún lado?
- Iba a juntarme con Diego porque me pidió que lo ayudara con algo pero como empece a sentirme mal no fui, ademas dijo que tenia que verse con una chica- mentí y espere algún tipo de reacción. Pero nada. 
- Ah, ya veo. Bueno, quizás dormir te haga bien, mañana te vas a sentir mejor de seguro. Yo voy a estar para cuidarte. 

Que irónico sonaba todo. 

Amanda apago todas las luces y me abrazo en la oscuridad. Ella no lo sabia, pero abrazaba un cadáver, sentía como mi vida se desvanecía y a pesar de no morir realmente mi cuerpo y mi mente ya no eran lo mismo. 
 Me atreví a hacer un ultimo planteo antes de cerrar los ojos. 

- Me apareció en inicio de Facebook que te hiciste amiga de Diego.
- Las notificaciones de Facebook son re buchonas- Rió- Me mando una solicitud de amistad justo cuando yo estaba cocinando, encima se ofendió porque tarde en aceptarlo, ¿Es medio raro tu amigo, no?

No podía creérmelo. Me había tergiversado la versión original, la que yo misma había visto con mis propios ojos, ¿Con que necesidad?

- Todo el mundo es raro e incomprensible. Diego es uno mas en la lista. 

Claramente no capto lo que realmente quise expresar. Pero me basto con decirlo y así caí sumida en un sueño profundo. 




Amanda me despertó samarreandome por los hombros. 

- ¡Linda, arriba!, ¿Tenes idea de que hora es? ¡Dormiste mil años de corrido, princesa!

Abrí los ojos desganadamente y ella sonrió al verme despierta. 

- Te prepare el desayuno, ¡Estoy intentando hace diez minutos levantarte! Son las dos de la tarde, marmota. Entiendo que te sentís enferma pero estar tirada en la cama no te va a mejorar, tenes que salir a despejarte un poco. 

Mire la bandeja con tostadas y café con leche que yacía a un costado de la cama. Luego la observe a Amanda, arreglada y maquillada. Radiante como la luz que se colaba por la ventana. 

- ¿Tenes planes para hoy?- me frote los ojos mientras esperaba su respuesta. 
- Me llamo mi madre, tengo que ir al local. Me apena mucho dejarte en este estado, pero me encargue de enviarle un mensaje a una de tus amigas, Ailin. Espero que no te moleste que haya agarrado tu celular sin permiso. Dijo que llegaría en un rato.

Genial, ahora tenia que meter a mis amigas en mi mundo de penurias. 

- Gracias. 
- Vos sabes lo que sos para mi- me beso en la frente. 

Me sentí perdida.

 - ¿Que soy para vos?
- Mi amiga especial. 

Me puse en pie y me pare en la puerta de la habitación mientras me batía el cabello con los dedos, como queriendo arremolinar mis ideas en algo concreto. 

- ¿Solo eso?, ¿Tu amiga?

Me observo como si no comprendiera el mas allá de mi pregunta. 

- Somos amigas, Flor. Tenemos algo especial pero al fin y al cabo somos amigas, ¿Que creías?

Era una ilusa, tal y como lo dictamino Diego. 

- Pensé que podríamos llegar a ser algo mas- arrastraba las palabras a medida que salían de mi boca. 
- Quizás en algún momento pero no por ahora. Me acabo de separar de Ale, no estoy lista para incursionarme en una nueva relación. Yo te quiero y me encanta lo que tenemos, pero necesito sentirme libre. Así es mejor, estamos juntas pero cada una puede hacer lo que quiera. Sin presiones.
- Entiendo- dije secamente.

Se acerco a mi, podía sentir su temor a herirme. 

- Por favor, no te enojes conmigo. Lo ultimo que quiero es perderte, ¿Es que a vos no te gusta lo que tenemos?- acaricio mi pelo enmarañado. 
- Esta todo bien, solo quería aclarar las cosas para saber como tengo que actuar.
- Solo se vos misma, como siempre. Eso es lo que adoro de vos- me beso suavemente. 

No me hubiese molestado tomarme las cosas con calma, hacer que nuestra relación avanzara lentamente, yo no tenia ningún tipo de apuro. Pero sabia la verdad oculta tras la frase "cada una puede hacer lo que quiera", y tal vez no me hubiese enfadado la idea de que Amanda se viese con alguien mas, lo habría aceptado como todo en la vida.  Pero no estábamos hablando de cualquier persona, en el fondo de mi alma ya había procesado la idea de que ella era una perra mas en este mundo benévolo. Tenia casi la certeza de que esta noche Amanda se acostaría con Diego, aludiendo a su libertad. Podía ser cualquier persona, hombre, mujer, animal... pero ¿Diego?. Amanda no tenia escrúpulos y la realidad me estaba colapsando la cabeza. 




Ailin llego a las tres de la tarde y me encontró en un estado deplorable. Tuve que contarle la verdad sin miramientos. Era mi mejor amiga y mi confidente. Desplome toda la agonía que venia consumiéndome en las ultimas horas en su hombro. Y llore, llore como una niña que había perdido a su  madre. Un dolor tan profundo se apoderaba de mi, rogaba que con cada lagrima rodando por mis mejillas se desprendiera un poco de ese pesar que me invadía y finalmente me dejase en paz. Pero nada en este frágil mundo funciona tan fácil. Sin embargo agradecí a Ailin por estar allí para mi y no permitir que me ahogue, a pesar de que el agua de mi tristeza ya me llegaba al cuello. 

Como una buena amiga trato de distenderme de mis pensamientos. Me llevo al cine y me contó las ultimas novedades de nuestro grupo de amigas, intentando hacerme reír. Yo lograba hacer una mueca torcida de vez en cuando, queriendo demostrar mi aprecio ante sus gestos. 
 Me aconsejo, me recomendó alejarme de estas dos personas que me habían defraudado. Y tenia razón, sabia que la tenia, pero me era tan difícil. Mi mente estaba atrapada en un laberinto de ideas absurdas. 
 El día fue transcurriendo y se hicieron las nueve de la noche. Estábamos entrando a un bar cuando mi celular vibro. Un Whatsapp de Diego. 

"Estoy con tu amiguita en el departamento. Este es el plan, dentro de una hora te quiero acá. Vas a entrar con tus llaves excusándote de que te olvidaste algo y como no tenias batería en el celular no pudiste avisarme que venias. Te vas a quedar a tomar algo con nosotros y vamos viendo como se da la cosa, déjate guiar por mi. Llego la hora de cumplir tu parte del trato" 

El mensaje fue como una navaja clavándose en mi corazón, pero este había estado sangrando tanto que no ya tenia mas reacciones.  
 Le mostré el Whatsapp a Ailin. 

- No te lo puedo creer, es un pelotudo ¿Que pensas hacer?
- Por lo pronto pedirme un vodka- Dije mientras le hacia señas al camarero- ¿Vos que harías en mi lugar?

Se quedo pensativa unos segundos y le di tiempo a elaborar una solución en este caos. 

- Yo iría- Concluyo ante mi mirada atónita. Era la ultima respuesta que esperaba escuchar. 
- ¿Para que?, ¿Te volviste loca?- Pregunte curiosa y confusa.  
- Para decirles en la cara lo que sentís y cerrar todo de una vez. Tragarse las palabras nunca es bueno, yo pienso que tenes la oportunidad de sacarle la careta a Diego y hacer sentir a Amanda como la zorra que es. Es un triunfo victorioso. El se cree que se va a salir con la suya pero vos terminas rebelándote, es perfecto. Estas matando dos pájaros de un tiro. 

No lo había analizado de esa forma. 

- Tengo miedo de terminar llorando como una estúpida en un rincón del departamento, seria la perdida total de mi dignidad. 
- Tenes que ser valiente, les escupís la cara y te vas. Después lloras una semana si queres, aunque la veo difícil porque esta vez si no me abrís la puerta de tu casa te la voy a volar con una bomba. Haceme caso, te vas a sentir aliviada. Y si no es así por lo menos vas a desquitar todo tu veneno, no te van a quedar palabras pendientes. De una u otra forma salís ganando.
- Puede ser...
- De todas maneras eso es lo que YO haría, no tengo pelos en la lengua y no podría permitir que nadie me pisotee de ese modo.

Bebimos un vodka con energizante cada una y un trago de Martini. ¿Podría convertirme en esta heroína valiente rescatandome de mi misma? Necesite alcohol en sangre para finalmente creérmelo, pero me convencí de que afrontaría la situación como una campeona y saldría venciendo. 

Cuando nos despedimos le agradecí por todo lo que había hecho por mi en este día, la abrace con fuerza y me fui a afrontar lo que se suponía era mi destino, el destino que yo pretendía revertir a mi favor.





14

Me costo hacer girar la llave en el cerrojo, las manos me temblaban terriblemente. Ahora, parada frente a la puerta de vidrio al lado del portero eléctrico, ya no me sentía tan convencida de lo que estaba haciendo. Pero no podía mostrarme débil, durante el trayecto hacia allí me imagine una y otra vez lo que diría al entrar. Los miraría a la cara y les haría sentir vergüenza.  Decidí esquivar el ascensor y subir por las escaleras a medida que juntaba coraje. ¡Yo era fuerte, yo podía, yo tenia el control! Mis pasos resonando tras cada escalón me daban el impulso para seguir adelante, ya no había vuelta atrás. 
Una vez que llegue al tercer piso tome aire, me pare recta y bien erguida y volví a repetir para mis adentros ¡Esta es tu oportunidad para terminar con todo y quedarte con tu orgullo, no lo arruines! 

Entre sin mas preámbulos a la escena dando un giro rápido en la cerradura, sin brindarles tiempo a tomar otra postura frente a lo que fuese que estuviesen haciendo en aquel momento.

Amanda abrió los ojos como platos y me miro sorprendida.

- Hola, Flor... no sabia que venias.

Pude percatar como le lanzaba una rápida mirada a Diego buscando respuestas pero el fingió falsamente estar sorprendido también.

- No me avisaste que venias, ¿Paso algo? 

 Su actuación era brillante, sin lugar a dudas merecía un Oscar.
Los observe parada desde la puerta y mi cuerpo se tambaleo levemente. La cabeza comenzó a darme vueltas y sentí nauseas. Quise abrir la boca para decir algo pero lo que salio de ella fue un inaudible murmullo. Mi mente se puso en blanco y me choque con el suelo, desvaneciendome.




Cuando recobre el conocimiento lo primero que pude oír fue a Diego quejarse de que seguramente me había agarrado una baja de presión y no era necesario llamar a una ambulancia. Abrí los ojos y me encontré con Amanda trayendo un paño húmedo.

- ¡Se despertó!- sonaba realmente aliviada.

Gire la cabeza para los costados.

-¿Que paso?- aun me sentía mareada.
- Te desmayaste... ¿Que haces acá? Deberías estar en tu casa descansando, mira si esto te pasaba en la calle. Que horror, pudo haberte sucedido cualquier cosa. No podes deambular sintiéndote enferma por ahí, es un peligro.

Mire a Diego parado frente a la tele que me devolvía una mirada arrogante, como dándome a entender que creía que había fingido todo.

- ¿Pensas decir algo?- Dijo Amanda queriendo llamar mi atención. 

Estaba aturdida.

- Yo...eh... me olvide algo y venia a buscarlo.

 En ese mismo instante me percate de lo que acababa de decir. Era una estúpida, lo había arruinado todo. De repente miles de emociones comenzaron a aflorar dentro de mi. Sentí miedo, pánico, quería salir huyendo lo mas pronto posible de ese lugar y dejar atrás todo lo que me había propuesto.

- ¿Cuanto tiempo permanecí inconsciente?- Dije mientras me agarraba la cabeza con ambas manos.
- Cinco minutos... lo suficiente como para darme un buen susto- Amanda me quito las manos de mi propia cabeza y me coloco el paño frío en la frente. Lo eche a un lado y me incorpore torpemente.

 Inconscientemente y en un arrebato de idiotez deseche mi plan A y lo cambie por un plan Z, olvidando por completo mi idea inicial y el porque de todo esto.

- ¿Vos que estas haciendo acá?

Necesitaba escuchar las respuestas.

- Bueno...Diego me invito y yo justo estaba cerca porque había ido a visitar a un amigo que vive a un par cuadras cuando salí del trabajo.

Pude notar en su tono de voz que estaba mintiendo pero reprimí las ganas de gritarle lo hipócrita que me parecía.

Mire a mi alrededor y una pena comenzó a invadirme lentamente. Quería irme, desaparecer. Había caído en la red de mentiras y no estaba lista para afrontar ninguna verdad, ¿Como pude ser tan tonta de realmente creer que iba a poder con esto?

- Creo que me voy- Dije mientras tomaba mis cosas. Quería regresar a mi casa y hundirme en mi propio pozo depresivo. 

Diego me dio una palmadita en la cabeza y me invito a volver a sentarme. 

- Ya estas acá, no tiene sentido que te vayas tan pronto, ademas la estábamos pasando bien con Amanda- Me alcanzo un vaso de Whiscola.

Me sentía atrapada, abandonándome en mis creencias y pensamientos. Me estaba perdiendo nuevamente. La realidad se me puso de cabeza y mi mente hizo un click, dejándome turbada. 
 Amanda se sentó a mi lado y tomo mi mano. 

- Diego tiene razón, pasemos un buen rato juntos entre amigos- Volvió a sonreírme. 

Colapso mental. Actuaba como una autómata , una muñeca sin emociones  ni sentimientos guiada por una sinfonía siniestra pero inaudible. Sonreía, platicaba, bebía, pero yo no estaba allí. Me había adentrado en las tinieblas.  

El tiempo comenzó a transcurrir con aplomo y cada segundo era una agonía eterna que me helaba la sangre. Comencé a abstraerme a medida que las horas iban transcurriendo, derritiéndose en mi cabeza. 
 Cuando se hizo lo suficientemente tarde Amanda se dirigió hacia mi. 

- Flor, son la una y media de mañana, ¿Vamos a tu casa o a la mía?

Diego se adelanto. 

- ¿Porque no se quedan a dormir acá? Así no tienen que viajar. Mi cama es grande Y entramos los tres sin problemas- Pude percibir su mirada clavándose en mi nuca. 

Amanda lo miro dubitativa y volvió a dirigirse a mi nuevamente. 

 - ¿Vos que decís, Flor?, ¿Queres irte o preferís quedarte?- Se le notaba en su tono que estaba completamente borracha. 

Asentí con la cabeza al mismo tiempo que una sonrisa se desplegaba abiertamente en el rostro de Diego. 

- Quedémonos. 

Todo se torno oscuro y los escasos rayos de luz abandonaron mi vida. Simplemente no quería moverme, ni respirar, ni opinar por mi misma. Me deje arrastrar hasta el fondo del pozo, desamparando mis ultimas esperanzas coherentes. 





Diego se acostó en un extremo, Amanda en el medio y yo a su lado. Me puse tiesa mirando el techo, todo me estaba dando vueltas y quería mantener un punto fijo. Escuchaba como entre ellos mantenían una  conversación entre susurros pero realmente no podía oírlos, o no quería hacerlo. 
Silencio, seguido de unos sonidos, como viscosidades.

 En mi mente solo podía pensar "esto esta pasando, efectivamente esta pasando".
 Sentí una mano tomándome por la cintura, acercándome hacia ellos. Era Diego, que me tomo entre sus brazos, encimando a Amanda, y comenzó a besarme. 
 Nadie me pregunto si quería hacerlo o si estaba dispuesta a jugar este juego ahora mismo, pero ambos parecían darlo por hecho, ensimismados en su propio deseo, enfrascándose en el placer de la piel pecado. Amanda vivía su libertad entre drogas y alcohol, mientras Diego se aprovechaba de mis debilidades, y yo estaba ahí, en el lugar equivocado, en el momento equivocado. Carnada del destino.  

- ¿Porque no me muestran como se besan?- Diego acerco el rostro de Amanda hacia el mio y ella correspondió mientras yo me mantenía ausente. 

Mientras ella se entretenía ocupada jugueteando con mi lengua pude notar como Diego la desvestía y le hacia una seña para que hiciese lo mismo conmigo. En un abrir y cerrar los ojos los tres estábamos completamente desnudos. 
 Comenzaron a besarse entre ellos mientras Diego intentaba introducir un dedo dentro de mi vagina. Cuando lo consiguió se separo de la boca de Amanda para darme un lameton en el clítoris. 

El sexo para mi siempre había sido ese momento donde podía perderme y abandonar mis ideas, dejarme desentender en una nada vertiginosa de reconfortantes sensaciones. Pero no ahora, en este mismo instante mis ideas maquinaban al ciento por ciento, buscando salir disparadas en catarsis por mi cabeza, que segundo a segundo iba perdiendo el control. 

Pude observar, ante mi mirada carente de emociones, como Amanda le practicaba sexo oral a Diego, clavándose todo su tronco hasta el fondo de la garganta. El gemía mientras que con una mano seguía interactuando con mi sexo y con la otra agarraba a Amanda por los cabellos insitandola a acelerar su velocidad. 
 Cuando creyó llegar a su limite la aparto rápidamente y me coloco a mi en cuatro patas, con suma facilidad. Se lo notaba notoriamente excitado y Amanda estaba disfrutando del espectáculo, extasiada. Yo mantenía la vista fija en la pared, sintiendo fallar mi cordura. Me penetro, de un solo golpe, y sentí una punzada de dolor agudo. 
 No me dolía su pene dentro de mi, ni la bestialidad con la que lo introdujo, me dolía el alma y el saber que estas dos personas que tanto había apreciado en su momento me estaban obligando inconscientemente a autodestruirme como un cristal resquebradizo chocando contra el muro de la negra y turbia realidad. Me rompí, y los mil pedazos de mi corazón volaron esparciéndose por la habitación.

Me di vuelta y voltee a Diego a un lado de un manotazo, dejandole mi palma marcada en su rostro. Amanda se hecho a un costado. Mis ojos refulgían de ira entremezclándose con llanto. 
 Sin decir una palabra agarre un buzo canguro que descansaba en un rincón de la habitación y me lo coloque encima, era tan grande que me cubría hasta las rodillas. Y antes de explotar en lagrimas desconsoladas me encerré en el baño, poniéndole traba. Me desplome en el suelo, junto a toda mi congoja, mi aflicción y mi abatimiento. ¿Que me había hecho?, ¿Como pude permitirlo? Ya no había manera de borrar las imágenes creadas en mi memoria, ya era tarde para mi, era tarde para todo. 
 Pude oír a Amanda golpeando la puerta mientras me pedía que abriese.

"¡Perdón!", "¡Pensé que estabas de acuerdo con esto!", "Hablemos, vayámonos a casa", "¡Olvidemos lo de que acaba de pasar!"  

Cada frase que salia desprendida del otro lado del portillo ya no tenia sentido para mi. Mentiras, todas eran crueles y viles mentiras sin remedio. 
  Me pare enfrentándome al espejo. Me odie, me defenestre a mi misma y a la imagen que me devolvía, como un retrato grotesco salido de las sombras. 
 Abrí el botiquín y revise minuciosamente en su interior. Pastillas vitaminicas, crema de afeitar, Gillettes... y una tijera de peluquería. 
 Era tal la desesperación que se debatía frente a todos mis aletargamientos mentales que cualquier dolor físico que pudiese calmar al dolor emocional seria bien recibido. Así que tome la tijera, que a simple viste poseía un filo singular, y volví a tumbarme en el suelo. Levante las mangas del buzo que traía puesto, apoye una punta de la tijera en mi muñeca horizontalmente y efectuando presión comencé a abrirme la piel mientras la roja sangre empezaba a brotar manchando las baldosas. Sentí un alivio instantáneo. Ardía, compenetraba mi dolor espiritual con los tajos que me realizaba en cada corte y eso me generaba una cierta satisfacción, me hacia creer que podía controlar, una vez mas, la situación. Podía engañar a mis sentidos.

Los golpes en la puerta cada vez eran mas audibles y ahora era una voz masculina la que resonaba del otro lado. 

" ¡Dale, nena!, ¡Salí de ahí!", "¡Florencia, abrí ya!",  "¡Te estas comportando como una inmadura!"

No tenia intenciones de moverme, de ser por mi hubiese permanecido allí encerrada por siempre, pero ante mi mirada aterrada pude ver como la traba en la puerta iba cediendo hasta romperse. Entonces me incorpore rápidamente abstrayendome totalmente de la realidad presente.
 Diego y Amanda irrumpieron en el baño al mismo tiempo que yo corría encorvada hacia el comedor. De lo primero que pudieron percatarse fue de las gotas de sangre que yacían en el piso. 

- ¡Que hiciste!, ¡¿Que te hiciste!?- Amanda gritaba entre sollozos  acercándose rápidamente hacia mi. 
 Las mangas de mi buzo se habían dejado caer sobre mis muñecas pero se podía comprobar notoriamente  que estaban manchadas con sangre.
- ¡Mostrame los brazos ya!- Exclamaba Diego histérico mientras me sacudía frenético para luego levantarme los puños y comprobar entre rabia y susto mis cortes. - ¡Estas loca, nena!, ¡Completamente loca!

Amanda lo hizo a un lado y me abrazo mojando mis cabellos revueltos con sus lagrimas. 

"Perdóname, no pensé que te iba a afectar así", "No fue mi intención", "Yo no sabia".

Su voz era un eco en mi cabeza apagada. La empuje en un movimiento brusco, provocando que se resbalase y cayese al suelo.  Me tambalee con pasos torpes a la cocina mientras Diego permanecía inmóvil observándome con rabia.

- ¿Que ganas con esto?, ¿Me queres decir?- Sonaba amenazante. 

Yo solo pasaba mi mirada entre la de Diego y Amanda que aun seguía sollozando en las frías baldosa del piso. Y entonces vomite mi dolor y mi veneno en palabras que salieron despedidas de mi boca como fuego, un fuego que iba aumentando su llama hasta encenderme en mi locura. 

- ¡Lo único que quería, lo único que siempre desee era un poquito de amor! 

Amanda abrió la boca para decir algo pero la tape con mis palabras saliendo a borbotones como explosivos de guerra.

- ¡Confié en ustedes!, En cada uno por separado y en ambos casos jugaron con mi corazón a su antojo hasta llegar a esto, ¡¿Como pudieron!?
- ¡Vos sos la que no sabe manejar los limites, Florencia!, ¡FUE TU ELECCIÓN TERMINAR ASÍ- Diego arremetía contra mi discurso.
- ¡No!, ¡Ustedes me impulsaron, son los únicos culpables de todo lo que me pasa!

Ahora, entre rabia y dolor, me dirigía únicamente a Diego.

- ¿Tan difícil fue intentar amarme?, ¿Que fue lo que no te di para que me trataras como un pedazo de carne?, ¡Para que me deshicieras de este modo a tu antojo!- Comencé a llorar- ¡Lo peor, te mereces lo peor!, ¡Sos una mierda!
- ¡Basta! Mira lo que te hiciste en el brazo, ¿A vos te parece normal? No actúas normal, siempre vas mas allá de tus propias capacidades. Y te voy a decir algo, siempre te crees muy especial pero en verdad no lo sos, ¡Sos solo una pendeja mas del montón, obsesiva, psicópata y enferma!

Amanda se mantenía en silencio, parecía no comprender en totalidad lo que Diego estaba dejando salir desde lo hondo de sus cruentos  pensamientos.

- Que vos seas uno mas del montón no significa que YO no sea especial. Si vos queres ser gris, se gris, ¡Yo voy a intentar ser algo mejor!

Diego fue hacia la habitación y volvió en cuestión de segundos arrojando mis prendas de vestir a mis pies.

- Agarra tus cosas y andate, no vuelvas mas. No quiero volver a saber nunca mas nada sobre  vos.

Mi mente parecía una pista de carreras y todos los vehículos estaban chocando entre si, estallando en pedazos. 

- ¿Tan fácil te deshaces de mi?, ¿Que te crees, que soy un pedazo de basura y que podes  olvidarme así, sin mas?
- Ya esta, Florencia, hasta acá llegaste. Este es el final del camino. Déjame las llaves y desaparece, llévate a tu amiguita con vos- señalo a Amanda despectivamente.

Sentía las lagrimas quemarme el rostro como si fuesen de ácido.

- Que manía que tenes de tratar a las personas como cosas. No te importo jugar conmigo y menos te importo manipular a Amanda para entrar en tus diabólicas tretas. Porque eso es lo que haces, manipular a la gente a tu provecho, bajo tus reglas de papel corrugado. 

Ahora centre mi atención en ella, repudiándola con toda mi ira. 

- Y vos... ¡Vos no sos ninguna mosquita muerta! Te la das de buena, de santa, volviendo a aparecer en mi vida enmascarada en romance ¡Mentiras!, ¡Todo lo que salio de adentro tuyo fueron no mas que asquerosas mentiras!
- Yo...- murmuro pero volví a aplacarla con mis acusaciones. 
- ¡Podías tener lo que quisieras de mi!, ¿Sexo?, ¿Buena compañía?, ¿Amistad? Por mi estaba bien, acepte el hecho de que vivieras tu propia libertad, dándote tus espacios para manejar tus propias emociones... Pero ¿Diego?, ¿Mi amigo que te presente hace tan solo unos días?, ¿Con que clase de códigos te manejas?, ¡No sos mas que una mierda al igual que el!

No supo que decir y siguió llorando en silencio sin siquiera hacer un esfuerzo por levantarse del piso. 

- Parece que no queda mas que decir, ahora te invito a que te retires de mi departamento- Diego hizo señas hacia la puerta. 

Me frote las lagrimas que caían de mis mejillas con el puño de mi manga.

- Quiero un abrazo- Dije entre sollozos. 
- ¿Que queres que? Vos estas chiflada, déjate de joder- Bufo.
- Un abrazo, Diego. Es lo ultimo que te pido, si me voy a ir para siempre quiero irme con una imagen positiva y no con todo este circo que estamos armando. 
- Para siempre- repitió mientras se acercaba a mi lentamente- y te doy este abrazo no porque yo quiera,  sino porque dentro de tu cabezita trastornada quizás puedas aprender en un futuro a ver las cosas de otra manera. Y este abrazo es un recordatorio de como terminaron las cosas por tus propias decisiones y creencias erradas. 

Me rodeo con sus brazos y me permití olfatear por ultima vez su perfume. Odiaba a Diego, lo odiaba tanto como lo amaba, por esas razones toxicas que solo una neurótica puede comprender. 

- Yo no hubiese querido que esto acabara así, pero vos te lo buscaste- murmuro. 
- Nunca te pusiste en mi lugar ni por una milésima de segundo. Yo debería haber tomado cartas en el asunto, intentado llegar a tu corazón de otra manera... Pero es ahora, es ahora que lo tengo claro. 
- Te deseo suerte. 



En el momento en que Diego comenzó a apartarse de mi, deslice mi mano dentro del bolsillo del buzo canguro que traía puesto, cerré fuerte los ojos y con un rápido movimiento certero clave en su pecho la afilada tijera que llevaba escondida. Cayo rendido a mis pies inmediatamente. Ahora era mi turno de sonreír. El que ríe ultimo, ríe mejor. 
 Me arrodille ante al y retire la tijera de un tirón para volver a incrustarla nuevamente, una y otra vez, reiteradamente. Perseverante, eufórica, desenfrenada. Finalmente Diego sentiría un poco de todo el dolor que me había causado y me adjudicaba a mi misma el éxito de ello. 

Te apuñale, recordando aquella ocasión en que intente tomar tu mano en publico y te excusaste absurdamente alegando sentirte incomodo por nuestra diferencia de alturas. Enterré el filo de mi agonía en tu espalda cuando visualice en mi memoria la vez que temblando de frío quise acurrucarme junto a ti en la cama para dormir apegada a tu calor corporal y me apartaste en un rechazo violento, bajo el fundamento de que me estaba comportando como una infante y que debía encontrar la temperatura adecuada por mi propia cuenta. Percibí el dolor de tu carne al desgarrarse al mismo tiempo que recordé la primera vez en que tímidamente me atreví a dejar escapar un "te quiero" y me respondiste cruelmente que nunca serias capaz de querer a nadie mas que a ti mismo, porque formaba parte de su esencia, pero que de igual forma "me lo agradecías". Y te mate, no por todas estas pequeñas cosas que juntas conformaban un gran pesar en mi corazón, sino porque tu propio egoísmo y la manera en que creíste que ganarías la partida aclamandote como el rey del mundo, llego muy lejos. Realizaste un mal y errado movimiento y las fichas en el tablero de la vida se rebelaban en tu contra. Cruzaste la linea de lo permitido, quebrantando todos los esquemas, y finalmente pagarías las consecuencias. Al fin y al cabo cada uno es dueño de sus propias decisiones, y te encargaste de trasgredir todos los limites. 
Tarde o temprano la hora del juicio final nos toca la puerta a la espera de condenarnos, y esas ganas de mimetizarme a la vez contigo me llevaría a creerme dueña de esa elección. Eras mio, para siempre. 

Una parte de mi, dentro del subconsciente, se desprendió junto a tu cuerpo inerte y sin vida. Quería desaparecer junto a todo mi dolor y para ello debía deshacerme del resto de mi otra mitad. Amanda. 

Parecía estar en shock. Inmóvil, con sus ojos verdes cristalinos desbordados de pánico e incertidumbre. A medida que iba acercándome hacia ella sus sentidos de supervivencia se agudizaron y reacciono obligándose a si misma a retroceder, arrastrándose por el suelo impulsada por sus brazos hacia el baño... donde horrorizada comprobó que había sido condenada a acabar en un laberinto sin salida. La traba estaba rota y ya no quedaban rincones por donde escapar. 

- Te amo- Sollozo en un intento desesperado por manipular mis acciones ante su inminente final. 
- ¿Realmente las ultimas palabras salidas de tu boca van a ser una mentira?- La mire, riendo, compadeciéndome- ¿De todo lo que se te pudo ocurrir elegís una treta tan barata e insulsa?- le acaricie el mentón poniéndome a su nivel, mientras ella volvía a mantener su postura inerte, como si se tratase de una estatua- Vos no sabes amar, princesa. Y te 
tengo una triste noticia... para tu desgracia, yo tampoco. 

Dentro de mi cabeza el reloj de arena detono, llegando a su culminación total, y el tiempo fue arrastrado y detenido junto al movimiento de mi brazo, en el momento en que el extremo de la afilada tijera se incrustaba en la garganta de Amanda, que ofrecía ante mi su ultimo respiro. Único, exclusivo, por siempre mio. 

"La vida es un juego, Flor. Tenes que aprender a controlar las piezas antes de que acabe la partida. Si te quedas estancada, perdes". El discurso que Diego había profesado la noche anterior resonaba en mi mente como un disco rayado. 
 Saquen los tambores, enciendan la mecha de los fuegos artificiales, corten el pastel y festejemos. Finalmente yo había ganado este juego, ahora descorchemos un champan. 

Lo había dado todo. Entregue mi vida por estas dos personas y ahora me estaban brindando una retribución. Sus últimos alientos.



Arrastre, con algo de esfuerzo, el cadáver de Amanda hasta colocarlo junto al de Diego, entre el limite de la cocina y el living comedor. Encendí la llave de gas, inhalando relajada y contenta el aire que ahora comenzaba a tornarse toxico, y me acurruque en medio de ambos, dejando fluir en mi una nueva sensación de confort. La sangre que emanaba de sus cortes se sentía tibia en contacto con mi piel y una sonrisa se desplegó en todo mi rostro. 
 No podía olvidarlos, no QUERÍA olvidarlos. Es por ello que decidí mantenerlos conmigo en mi memoria, dentro de un infinito sueño, pero glorificando un recuerdo donde la que salia victoriosa era yo. 
 La vida me estaba estrechando la mano y agradecí cerrando mis ojos y sintiéndome una persona feliz. Finalmente tenia todo lo que siempre había querido: el control, el poder, el amor eterno de ambos arrebatado con mis propias manos. 
 Dicen que cuando uno quiere asegurarse de que las cosas salgan con absoluta precisión y perfección, tiene que concretarlas uno mismo, a su manera. A puño, sangre y letra. El fruto del esfuerzo otorga resultados, y los míos se encontraban reposando a mi lado, entregándome sus últimos resquicios de luz. Míos, para toda la eternidad. 

Desde niña crecí soñando con el clásico cuento de hadas, una historia repleta de magia y fantasía con un ansiado final feliz. ¿Pero es realmente necesario esperar el rescate del príncipe azul?, ¿Porque no ser una misma la que trace el final de este cuento en la vida misma? Me sentí orgullosa. Nadie dictamino un reglamento del felices para siempre, y en este momento me sentí parte de mi propio desenlace, de mi propio final feliz. Seria la bella durmiente, la bestia, la princesa que mordió la manzana envenenada, la mismísima bruja y la Eva que comió confiada el fruto prohibido, desencadenando la discordia. Pero después de todo lo que me permití sentir y transitar finalmente podía descansar en paz, con el paraíso que había conformado en mi cabeza. Perfectamente imperfecto.



© Macarena Rodriguez. Derechos Reservados y Propiedad intelectual.